EL BAZAR DE ESTAMBUL, ¡UNA EXPERIENCIA MÁGICA!

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Bazares en Estambul. Fotografías de Victor Coélho de Souza

Escribe: Alvaro Cárdenas

Llegamos en barco, por el Bósforo, ese estrecho legendario que demarca una frontera entre Europa y Asia. Nos sentíamos como unos iluminados mirando allá en el fondo, en medio de un cielo azul y de vientos fríos e intensos, el perfil de esta ciudad que resume en buena parte la historia de la civilización occidental.

Ahí estaba frente a nuestros ojos la ciudad de Constantinopla, reconstruida en el 330 de nuestra era por Constantino el grande y erigida como la capital del imperio Bizantino. La misma ciudad que luego de ser devastada por los turcos en 1453, se levanta también como la capital del Imperio Otomano, si, idéntica a la Estambul de hoy que es la puerta de entrada a la Turquía contemporánea.

Y mientras la embarcación avanza, se hacen nítidas las imponente cúpulas de la Mezquita Azul y la Catedral de Santa Sofía, ubicadas en la ciudad antigua, y que contrastan con los perfiles de los modernos edificios y la arquitectura contemporánea de esa mega-urbe en la que habitan más de 12 millones de personas.

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Pero con todo y lo impactante que resulta conocer el interior de estos palacios de las mil y una noches, recorrer esas calles tan antiguas como nuestra era, deslumbrarse con los ojos de sus mujeres y sentir la agitación que ofrece el encuentro de esa nueva cultura, lo más impactante es recorrer los laberintos de su famoso bazar.

¡Es alucinante!

El sólo caminar por las calles que llevan a alguna de sus 22 puertas de acceso te pone en contacto con la oferta desbordada de los mercaderes turcos, sus gritos, la agitación de sus manos, la manera irresistible de argumentar en favor de sus productos, la capacidad de rebajar el precio hasta niveles impensables.

Y entonces, cuando atraviesas sus puertas, el corazón se impacta ante la evidencia de que estás ahí, en uno de los mercados más grandes y más antiguos de que se tenga noticia, y que esos comerciantes que te miran y sonríen son los hijos de los hijos de los hijos de los hijos de mercaderes legendarios cuyas historias nutrieron la imaginación de todos los niños del universo.

Es imposible recorrerlo todo. La agitación es tal que durante todo el trayecto sientes el temor íntimo de perderte en ese mare magnun de telas, espejos, cachibaches, objetos deslumbrantes, que parecieran provenir de otros tiempos. Son cuarenta y cinco mil metros cuadrados y alguien alcanza a susurrar que por allí transitan diariamente más de 500.000 personas.

Y entonces aprendes que esos letreros grandes e inintelegibles que te encuentras arriba de los arcos de ese laberinto, hacen referencia a la especialidad de las ventas de cada calle. Allí están los Kapakcilar que son los vendedores de pieles, más allá los Kuyumcular, es decir los joyeros, que son diferentes a los Aynacilar, que son los vendedores de espejos.

Que cuantos años hace que existe este bazar, pregunto, y alguien me dice que se remonta a los tiempos de Mehmed II en el siglo XV, pero otro se apresura a decir que no, que es muchos más antiguo.

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