El Día de los Muertos Una Fiesta Inmortal Mexicana

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El Día de los Muertos Una Fiesta Inmortal Mexicana
Pequeñas estatuas de la Catrina. Fotografía: Tomás Castelazo/ Creative Commons

Escribe: Laura Catalina Bonilla Pérez,  Diseñadora gráfica de la Universidad Pontíficia Bolivariana. Amante de la cultura y la historia. Durante sus estudios participó del Taller Latinoamérica UPB- Tecnológico de Monterrey en Querétaro, México.  Colaboró también con una edición de la revista Mexicana de Psicología Prometeo.  Actualmente cursa estudios de maestría en Comportamiento del Consumidor.

El Día de los Muertos Una Fiesta Inmortal Mexicana
Mercado típico Méxicano. Poco antes de la fiesta del día de los muertos, estos mercados se convierten en una auténtica antesala del esperado día. Allí pueden encontrarse un sinúmero de piezas de precios variados que se ajustan al presupuesto de todos los viajeros. En Querétaro además puede conseguirse una curiosa lotería con los 100 nombres de la muerte mexicana. Fotografía: Cámara Lúcida

LA CANACA, la Bienamada, doña Osamenta, la Catrina, son algunos de los muchos nombres con los que se le llama cariñosamente a la muerte. En México los muertos no se van del todo. Se quedan deambulando en las calles, mausoleos y en las memorias de sus más cercanos que, en una tradición centenaria, se acostumbraron a celebrar por igual el vivir y el morir.

La tradición de los muertos de los mexicas data de antes de la llegada de los españoles. En aquella época, los festivales de purificación y culto a la muerte se celebraban desde principios de agosto y duraban un mes completo.  Estas celebraciones no se parecían mucho a lo que vemos hoy. Era entonces común conservar cráneos que servían para recordar la muerte y el renacimiento en espacios rituales.

Para las comunidades prehispánicas, la muerte era el inicio de un viaje al Mictlán, donde se encontraban dos dioses encargados de recibir al viajero y ubicarlo (como quien trabaja de hospedero) en alguno de los paraísos que correspondieran a la forma en la que había terminado la vida. En esta creencia, el infierno y el cielo no se asociaban a castigos y premios. Todos por igual recibían lo que mejor les conviniese para descansar una vez acabaran su labor en la tierra.

Con la llegada de los españoles, también llegó el cristianismo con sus ideas sobre la muerte, el cielo, el infierno y el castigo divino. Las tradiciones nativas y las foráneas se mezclaron, y tras un largo proceso nació la fiesta mestiza tal y como es hoy. De la parte española se adopta el ofrecer dulces y pan “de muerto” justo en el día de todos los santos y en el de los fieles difuntos, del lado indígena el dejar agua para refrescar al viajero que visita sus familiares, de ambas el cambio del dulce en forma de santos por la famosa forma de la calavera, por citar un ejemplo.

Las fiestas se transforman de región a región, siendo más fuerte en las partes rurales e indígenas, debido a que se conservan más las ideas animistas de antes de la colonia y las historias de espantos y de santos de la América española.

El Día de los Muertos Una Fiesta Inmortal Mexicana
Museo de las Momias, Guanajuato – México. Fotografía: Cámara Lúcida

Las celebraciones actuales empiezan desde el 28 de octubre y van hasta el 2 de noviembre. En estos días las tumbas se decoran con altares y dulces, y las ánimas invitadas van llegando en forma ordenada: el 28 está destinado para las ánimas que se fueron en forma violenta o trágica; el 30 y el 31, para los niños más pequeños; el 1 de noviembre se conjuga con el día de Todos los santos y se reciben a aquellas personas que vivieron de forma ejemplar, y de nuevo a los niños, por ser almas puras. Finalmente, el 2 de noviembre es la fiesta principal con todos los invitados. Es más que el día de los fieles difuntos, es el “Día de los muertos”.

Todo México se cubre de alegre luto. Durante las fechas es posible visitar cada ciudad y pueblito y encontrar en cada rincón momentos para celebrar. En Querétaro puede bien celebrarse dentro de la ciudad, disfrutando de los dulces y la gastronomía local; haciendo recorridos históricos donde te contarán historias de héroes nacionales y de muertos distinguidos. O bien, pueden visitarse las capillas otomíes o familiares en Tolimán, para presenciar de primera mano la tradición.

En Oaxaca puede sentirse el ambiente de fiesta desde mediados de octubre, los mercados se llenan de gran variedad de productos en pos de los visitantes vivos y muertos que tendrá la ciudad. Allí es imperdonable no probar los tradicionales dulces oaxaqueños como las manzanitas de tejocote y el nicuatole, mientras se visitan los mausoleos repletos de altares coloridos.

En Guanajuato se puede disfrutar de eventos únicos en el país, como el desfile de las Catrinas, un desfile de diseño que combina el talento nuevo con la tradición; de la caminata del despertar de las ánimas, la caminata de los monjes, de la feria del alfeñique y la visita obligada al panteón de Santa Paula y al museo de las momias.

Este alberga 111 cuerpos embalsamados y conservados naturalmente gracias a las propiedades salinas del lugar. Recorrer Guanajuato es en la experiencia personal un resumen de la tradición mortuoria mexicana: es a la vez aterrador y mágico porque encierra en un mismo espacio la ciencia, la religión, el animismo y la historia.

En estos lugares y en síntesis en todo México, la fiesta tiene un denominador común: la muerte en su mejor esplendor, significado de renacer cuando se apaga la luz al dejar este mundo.

“ÁNIMAS benditas, ¿quién las pudiera aliviar? Que Dios las saque de penas y las deje celebrar”.

 

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