La Guadua tiene con quien

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la guadua tiene con quien

Escribe: Pedro Luis Rojas.

Hay una novela escrita por un manizaleño: “La niebla estaba ahí…” que se inventa una historia fantástica. Según el autor, Alberto Morales, los Quimbayas serían la expresión de una “cultura tan importante como la Azteca, tan misteriosa como la Maya, tan épica como la Inca”. “Imagine usted” – le dice un personaje al otro- “un imperio que se extendió como dice Fray Miguel Decheverry desde las riberas del río grande, al sur, cerca de Cartago, hasta las montañas nevadas de los Andes”. Pero es un imperio que no se ve. Está protegido por una imponente muralla natural de bambú que lo rodea en toda su extensión y lo hace impenetrable.

¿No me cree? Y aquí empezaba a revolver apresurado entre sus papeles míticos, sus libros secretos y sus incunables, hasta cuando se le iluminaba el rostro y nos mostraba: – Este es un texto original de Cieza de León, ya anciano, escrito en 1536: “Hay grandes y espesos cañaverales.

Tanto, que no se puede andar por ellos sino es con muy gran trabajo, porque toda esta provincia y sus ríos están llenos destos cañaverales…” Según esa historia fantástica, dentro del espacio que protegían los cinturones de la “bambusa guadua”, vibraban ciudades resplandecientes por donde transitaban desnudos y cubiertos de orfebrería esos hombres y mujeres con sus rostros anchos y alargados…y que pudo Cieza de León conocer la majestuosidad de sus pirámides hechas de guadua, en fin.

Ciertamente esa novela hace un homenaje a la guadua, que integra el paisaje que vio nacer en el año de 1949 al arquitecto Simón Vélez, y lo vio crecer hasta cuando se convirtió en el hombre que ha dedicado buena parte de su vida profesional a difundir el uso de la guadua como material de construcción.

Y a fe que el hombre ha dejado su impronta, pues si bien los estudios demuestran que las técnicas constructivas están ligadas a las culturas y a las regiones, de manera tal que la “arquitectura de madera” define a las costas, la “arquitectura de piedra y ladrillo” define al interior del país y “la arquitectura de guadua” a la región de la colonización antioqueña, lo cierto es que la obra de Simón Vélez implica un salto cualitativo impresionante.

Hay un abismo entre sus logros y la muestra de esas casitas paradas en zancos de guadua que parecen equilibrarse en las laderas del paisaje manizaleño.

la guadua tiene con quien
Empate de los techos a modo de ramificación. Las construcciones en guadua se hacen con estructuras portantes, que constan de columnas con entramados a lo largo de la construcción en donde se distribuye uniformemente el peso soportado/ Fotografía: Cámara Lúcida

Mire nada más la experiencia mística que implica el entrar a la iglesia que construyó en la ciudad de Pereira, o el asombro que se siente frente al Museo Nómada del Zócalo en Ciudad de México, la perfecta conjunción con el paisaje del Lodge de ecoturismo que levantó en las montañas de Nankus en China, o la emoción desencadenada ante la vista del Pabellón Zeri de la Expo 2000 en Hannover Alemania. Ya Simón Vélez es un arquitecto universal.

La guadua trasciende el territorio de la construcción, va mucho más allá de las casas y los puentes. Su versatilidad resulta sorprendente. La guadua es cultura. Usted ve desde artesanías y utensilios de cocina, pasando por juguetes hasta instrumentos musicales.

Es por eso que resulta fascinante la afirmación hecha por Simón Vélez a Grow
Your Own House. p.59, y transcrita por www.plataformaarquitectura.cl: “Mi arquitectura es arquitectura tropical.

En un país donde llueve mucho, usted tiene que construir techos con grandes voladizos, como en la arquitectura china o indonesia. Aprender acerca de la arquitectura en Indonesia fue algo radical en mi vida… sus enormes techos de bambú construidos sin ningún tipo de restricción o reserva. Influenciado por el Modulor de Le Corbusier, siempre pensé que un techo o una habitación no debían exceder una cierta altura.

Pero en Indonesia, la gente pobre construye techos de 10 o 15 metros de altura ¡con sus propias manos!

Es una afirmación cultural para crear algo importante – una especie de exhibicionismo sin presumir”, pues expresa el poder de esta especie de bambú y la manera como soluciona problemas en los territorios en donde se da.

El Blog colombiadeuna.com de la inolvidable Toya Viudes recoge afirmaciones hechas por el Financial Times y entrega un texto en torno a Simón Vélez que bien vale la pena reproducir: “Vélez desafió a la arquitectura tradicional dejando más que claro que la guadua era lo suficientemente fuerte para cumplir los estrictos códigos de construcción europeos. ¿Sabías que el bambú supera en peso y resistencia al acero, es cinco veces más resistente que el cemento y que su relación peso- resistencia es tan sólo comparable a la obtenida por las aleaciones de metales de la era espacial? Además, un bosque de esta planta se regenera cada 5 años sin necesidad de replantarlo, lo que lo hace altamente sustentable como materia prima de la construcción, al contrario de especies como el cedro (20 a 25 años) y el roble (75 a 80 años).

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Puente en Guadua en Aguadas, Caldas.   Fotografía: Cámara Lúcida

CUANDO  adquieres bambú, ese dinero se lo estás dando a
los campesinos pobres que necesitan esos recursos”

Para Simón Vélez, el empleo de este acero vegetal que ha utilizado para construir residencias, puentes e iglesias-, tiene una finalidad que va más allá del ámbito ecológico: “Cuando compras acero estás enriqueciendo a alguien que ya es muy rico; cuando adquieres bambú, ese dinero se lo estás dando a los campesinos pobres que necesitan esos recursos”.

Estos datos dan una idea del significado de la guadua: En Colombia hay 51.000 hectáreas con este producto, sin contar los guaduales sin fin que se dan en forma espontánea en el paisaje de Antioquia la grande en los patios y en los potreros. Del total de esas hectáreas, sólo el 5% son sembradas intencionalmente.

La profesora Alexandra Colorado dice que “su empleo en productos de valor agregado sólo llega al 1%”. Ciertamente, hay mucho por hacer.

El Sena publicó un estudio ambicioso sobre el tema de la guadua en particular, que da una idea clara de la significación de este material y su contribución al desarrollo. Su conclusión, de manera muy sintética, plantea que “la proyección del sector depende en gran medida de la sostenibilidad de los guaduales naturales y la ampliación de las áreas de sembrado, ubicando los rodales según sus biotipos e iniciar campañas masivas de manejo…”

Tenemos un producto que se da en nuestro paisaje de manera abundante, un arquitecto que ha sido capaz de demostrar sus bondades y su versatilidad, con nuevas tecnologías constructivas, lo demás depende de nosotros.

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