VIAJAR A CANCÚN Y ENCONTRAR TRES UNIVERSOS

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Escribe: Pastor Rojas.

El primero de los universos: LOS PRODIGIOS DE LA  MODERNIDAD

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Bueno, usted aterriza en Cancún y descubre que se trata de un destino tan nuevo, tan aterradoramente nuevo, que resulta fácil pensar que es uno el que se lo va a estrenar. Son nuevos los edificios, las fachadas, las avenidas, los carros que transitan.
Se trata de una sensación perfectamente explicable, dado que la ciudad fue “fundada” hace apenas cuarenta años, y en tan cor-to período ha soportado el embate de dos huracanes que han obligado a su reconstrucción apresurada. El huracán Gilberto se lo llevó todo en 1988, cuando el proyecto llevaba apenas 18 años de existencia, y el huracán Wilma se lo llevó de nuevo en 2005.

Por eso digo que Cancún es un milagro de la modernidad. Recorrer la zona hotelera es como recorrer la de un país desarrollado del primer mundo. En Cancún se han sintetizado todas las experiencias de la tecnología al servicio de la eciencia y la rapidez. Sus hoteles son todos de un alto  nivel de profesionalismo en el servicio y hay en sus habitantes tan sobresaliente vocación de hacer sentir bien al turista, que difícilmente es igualable por cualquiera otro destino del planeta.

El segundo de los universos: LOS PRODIGIOS DE  LA NATURALEZA

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Si usted viaja hasta Cancún, alcanza a llegar hasta ahí, hasta el noreste de la península de Yucatán, y no va a conocer los cenotes, entonces haga de cuenta que usted no ha viajado.

Esta península formada en roca caliza permite que en ese paisaje se formen de manera excepcional unos abismos en la tierra que, a la manera de gigantescos ojos abiertos en la superficie, dan entrada a cavernas maravillosas en las que usted encuentra unos lagos, profundos y mágicos.

La sensación, al estar en el fondo, es inenarrable. Usted siente un recogimiento místico porque se ve el poder de la naturaleza en todo su esplendor. Es como estar viendo el mundo al revés. Al mirar hacia arriba usted ve el cielo a través del agujero, pero ve también las raíces de los árboles que cuelgan como lianas que se acercan al agua desde las alturas y brindan un paisaje conmovedor.

El silencio de la naturaleza se siente en todo su esplendor. La luz es diferente porque la entrada a la caverna es cenital. El tiempo se detiene. Hay escenas de la película Avatar que fueron inspiradas en ese paisaje irrepetible.

El tercero de los universos: LOS PRODIGIOS DE LOS ANTEPASADOS

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Tampoco puede usted viajar a Cancún y abstenerse de llegar a Chichén Itzá, ese lugar sagrado que constituyó en su momento el gran centro religioso, económico y político de la civilización Maya.

De hecho, se trata de una de las siete nuevas maravillas del mundo.

Al llegar a esa explanada, el impacto que produce el encuentro visual con la pirámide central, el templo de Kukulcán, es lo más parecido a un golpe de estética y de historia del que difícilmente uno se puede reponer.

Ese edificio imponente y los 16 restantes que constituyen el área a la que se tiene acceso, configuran un ejercicio que sorprende a matemáticos y astrónomos por lo impecable de su precisión y por la manera como dialogan con las dimensiones del cosmos y las posiciones de la luna y del sol.

Todo es sorprendente. Chichén Itzá sintetiza todos los misterios y la magia de la sabiduría Maya. Cuando usted ingresa al campo del juego de la pelota, tiene dificultades para entender cómo hicieron estos hombres y mujeres ancestrales para realizar un trabajo de ingeniería y de arquitectura tan impecables, que permite a un ser humano ubicado en el extremo de la cancha entender a cabalidad lo que susurra otro otra persona ubicada en el extremo opuesto. Una acústica irrepetible en un edicio a cielo abierto.

Y a usted se le pone la piel de gallina cuando le explican que se ubique junto con otras diez personas al borde de la escalera que asciende al templo en la cúspide de Kukulcán, y le dicen que aplauda, y entonces el eco le devuelve de manera nítida e impecable el canto del quetzal.

Cada paso, cada piedra encontrada, cada pared que usted toca, es la certeza de un diálogo místico con las más profundas raíces de la americanidad… Cancún es uno de esos destinos raros que le generan el deseo íntimo, subyugante, de regresar, de regresar una y muchas veces…

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