Mompox: una joya de la arquitectura colonial

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Escribe: Beatriz Betancur

Viajera del tiempo

Santa Cruz de Mompox, con casi 500 años de historia, reúne lo más exquisito de la arquitectura colonial.

Está situado en el departamento de Bolívar, a orillas del río Magdalena, lo que lo llena de magia y color, y, por supuesto, de maravillosos atardeceres.

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Quienes pisan sus calles por primera vez aseguran que la belleza de sus imponentes fachadas dan cuenta de lo que significó este municipio durante la colonia; gracias a su agitada actividad comercial, a su devoción católica y a su excelente ubicación en el mapa, se convirtió en un referente no solo para la nobleza criolla e ilustres personajes: también resultó atractiva para los ataques de piratas.

Todo ese cúmulo de historias hizo que su casco histórico, que se ubica principalmente entre la calle Albarrada del Campillo y la calle Real del Medio, fuera declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, en 1995.

¿Qué conocer?

Un recorrido a pie por la idílica Calle Albarrada, la misma que bordea el río, y desde la cual se ve una hermosa panorámica a orillas del Magdalena, enamora a los turistas que observan la caída del sol sobre sus aguas. Este transitar por Mompox puede disfrutarse con una refrescante agua de maíz, una bebida apetecida para calmar la sed. Paralela a este pasaje, se encuentra la calle Real del Medio, un camino con amplias casonas de corredores frescos que conectan las habitaciones entre sí, y de patios centrales con frondosos árboles centenarios, que brindan la sombra necesaria para apaciguar las altas temperaturas. En esta calle se ubican importantes hoteles y hostales, que brindan una experiencia única a los viajeros, ansiosos de adentrarse en esta porción de tierra en medio de las aguas del Magdalena.

Mompox cuenta, además, con una importante oferta de museos. Uno de ellos es el Museo Cultural de Arte Religioso de Mompox, otrora residencia de paso de Simón Bolívar, que atesora valiosas reliquias, como coronas, rosarios y cálices.

Sobre esta misma calle se encuentra la Casa de la Cultura de Mompox, un espacio que alberga un legado arqueológico e histórico. Muy cerca a estos lugares se encuentran los talleres de filigrana, en los que, con gran talento, se elaboran delicadas piezas en hilos de oro y plata, con diseños inspirados en la naturaleza. Esta tradición orfebre es transmitida en las familias, de generación en generación, lo que hace especial cada una de estas joyas. Al otro extremo de la ciudad se encuentra el Cementerio de Mompox, un lugar de muros blancos y estatuas que observan con prudencia a los turistas que deciden conocer parte de la arquitectura de la ciudad. Pero, según la leyenda popular, no solo los pobladores y turistas recorren sus calles en la noche; cuando la luna se esconde en medio de la oscuridad, los fantasmas también deciden recorrer el municipio.

En la noche, Mompox se torna más romántico, especialmente en el Parque Santo Domingo, un lugar tranquilo para disfrutar de una cerveza en compañía de familiares y amigos.

En esta villa colonial, tranquila, perdida en el tiempo y donde la gente se desplaza caminando o en bicicleta, se rodó la cinta Crónica de una muerte anunciada, además de los seriados de televisión Momposina y Escalona.

Uno de los eventos más tradicionales en Mompox es la celebración de la Semana Santa, pues sus calles se visten de tradición en las procesiones donde los santos lucen vestidos bordados en oro, y las carrozas exhiben reliquias de los templos más importantes del municipio, como la iglesia Santa Bárbara, famosa por su torre de estilo barroco.

¿Qué comer?

La gastronomía momposina cuenta con un sinnúmero de lugares para que los turistas y locales degusten auténticos platos de la cocina caribe. Y qué mejor lugar para consentir el paladar que hacer un recorrido por el mercado, un punto en el que la arquitectura combina con la variedad de sabores, colores y texturas que ofrece Mompox.

Parte de la oferta está especializada en los sabores de la región: la comida costeña a base de pescado, yuca y patacón, complementa los platos con arroz de coco; y, para la sed, además del agua de maíz, el jugo de corozo y tamarindo son los más apetecidos por los visitantes.

En Mompox cada esquina sabe a caribe: el mote de queso (una mezcla de ñame y queso), la arepa de huevo, la butifarra y el arroz con chorizo, son algunos de los manjares que se encuentran entre las fachadas coloniales que bordean al río.

Y, para complementar, otras delicias que endulzan los paseos por esta hermosa ciudad: el postre de limón y el queso de capa (una variedad de queso enrollado en forma de bola, que, en ocasiones, va relleno de guayaba).

Los viajeros se enamoran de Mompox por su calidez, su gente, su historia y la riqueza de su arquitectura. Quienes la visitan aseguran que deben regresar, porque a orillas del río Magdalena el paso del tiempo se vive mejor.

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