FOTOGRAFÍA DE AVES EN COLOMBIA, UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA

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FOTOGRAFÍA DE AVES EN COLOMBIA, UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA

Escribe: Rodrigo Gaviria Obregón

FOTOGRAFÍA DE AVES EN COLOMBIA, UNA AVENTURA EXTRAORDINARIANació en Medellín en 1959. Es médico especializado en cirugía plástica, fundador dela clínica Bioforma. En su finca en la región del Magdalena medio, junto con su esposa Cristina García, rehabilita especies animales incautadas y, a la vez, conserva y siembra bosque nativo.

Hace algunos años se interesó por la observación de aves, y al poco tiempo la combinó con la fotografía. En su libro: Las aves más bellas de Colombia, nos comparte algunas de las más bellas que ha encontrado en sus recorridos por la geografía nacional, tal como se ven en su ambiente natural. El propósito de su libro es dar a conocer uno de los recursos más valiosos y abundantes que tenemos en Colombia: las aves.

Uno de los recursos más valiosos y abundantes que tenemos en Colombia son las aves. Los colombianos tenemos el deber de conocer estos particulares animales.

Una de las maneras de conocerlas es el avistamiento de aves, que es una de las atracciones al aire libre que cuenta con más adeptos en el mundo entero.

Cerca de 1900 especies viven en Colombia (ocupa el primer lugar en el mundo), esto representa el 20% de la población mundial.

Las aves son criaturas hermosas, muy interesantes, y al observarlas se descubre por qué son tan populares.

Para empezar su apariencia varía ampliamente; la mayoría posee dos tipos distintos de plumaje que mudan cada año con la finalidad de exhibirse en fascinantes cortejos nupciales, o como preparación para afrontar el cambio de estación.

Pese a su abundancia en Colombia, las aves suelen ser objetivos difíciles, así que lograr una buena fotografía constituye un gran desafío. Normalmente los pájaros temen a los humanos y es difícil aproximarse a ellos; rara vez permanecen quietos o tranquilos en un solo lugar. Para dificultar más las cosas, algunos viven en lugares inhóspitos o inaccesibles como pantanos o las copas de los árboles, así que fotografiarlos se convierte, muchas veces, en una gran aventura.

Lograr buenas tomas, aquellas que describen comportamientos tales como vuelo o cacería, es muy difícil. A menudo muchas, por no decir casi todas las fotos del día, acabarán en la basura. Aunque de vez en cuando se nos recompensa con una que otra imagen extraordinaria.

Un ave no llegará sola a posarse frente al visor esperando ser fotografiada, o al menos una que se encuentre en estado silvestre. El ave hay que “trabajarla”, y esto significa esperarla, perseguirla, observarla, y por qué no, también “engañarla”. Todo hace parte del juego de acecho que se establece para poder tenerla en cuadro y obturar. Además de conocer los hábitos del ave y aguzar sus instintos, el fotógrafo tendrá que luchar para ponerse, literalmente, a la altura, y aprovechar las condiciones del terreno y sus plataformas naturales.

Un fotógrafo de aves debe permanecer quieto, con los ojos pegados al visor, porque seguramente en un instante de descuido, el pájaro hará su acción espectacular. También hay que ser pacientes; en la fotografía de aves los resultados a menudo son desalentadores y las experiencias frustrantes, aun para fotógrafos experimentados.

Yo no disparo mi cámara con fines específicos en mi mente, yo disparo simplemente por placer, para hacer fotografías que me complazcan e inspirar a otros con su belleza a conservar el medio ambiente. Finalmente de lo que se trata es de estar en el campo, de pasar tiempo al aire libre, de dejar atrás las preocupaciones. Para esto la fotografía de aves se convierte en la excusa perfecta. Observar, identificar y luego fotografiar un ave constituye un proceso de inmersión física y mental tan fuerte y poderoso que a veces el tiempo y el espacio transcurren sin que se tenga noción de ellos.

Adentrarse en el bosque por horas persiguiendo a un ejemplar que se posa primero aquí y luego allá, absorto y atento sólo en el ave, viene a ser el modo como se exorcizan las tensiones.

Para conseguir una buena foto no solo son importantes las características de la cámara y el objetivo, sino el ojo que se encuentra detrás. Y claro, en este caso es aun más notable, las modelos que vuelan, anidan, cazan y cantan adelante.

¿Existe la foto perfecta de un ave? Tal vez no. Si en la naturaleza las especies evolucionan en una suerte de proceso de mejora constante que las hace más fuertes, o más rápidas, o más inteligentes, del mismo modo una foto siempre puede ser superior. Pero, sobre todo, un fotógrafo nunca estará contento con lo que ha logrado. Por eso siempre hay que volver a salir al campo en busca de esa foto que no hemos podido conseguir.

Colombia es un país privilegiado geográficamente y cada región tiene su gema, aquella que constituye la especie más apreciada, su santo grial.

Podría decirse que un fotógrafo de fauna, cada vez que visita un lugar, va en busca de ella: espera traer a casa su foto como un trofeo. Pájaros que persigue incansable y obsesivamente por montañas, bosques, valles, ríos, selvas, lagunas, picos y llanos, bien sea por lo vistoso de su plumaje, por lo escaso de sus avistamientos, por lo singular de sus hábitos, o lo sonoro de su canto.

Permitamos que las aves sean nuestra guía. Se sabe desde hace tiempo que son indicadoras fidedignas de la degradación ambiental.

Percatémonos de que con la disminución en las poblaciones de pájaros se nos está tratando de advertir que estamos encaminándonos hacia la extinción.

El Libro LAS AVES MÁS HERMOSAS DE COLOMBIA, tiene como fin mostrar una parte de las aves Colombia y con ello inspirar a otros en el estudio y la conservación de las aves. Confiamos en que los colombianos aprenderán a reconocer la belleza de la avifauna del país y se unirán a quienes trabajamos es su conservación.

FOTOGRAFÍA DE AVES EN COLOMBIA, UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA

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