Explorar sin dejar huella

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TEXTO ÁNGEL ORREGO ARENAS

Prácticas e iniciativas sostenibles que protegen los ecosistemas ante la sobreexplotación turística

El respeto por el medio ambiente, la naturaleza, la fauna, la flora y hasta por las comunidades nativas, hacen parte del concepto de turismo verde. Esta tendencia, que cada vez replican con mayor fuerza los viajeros del mundo, busca que los recorridos en los territorios naturales tengan menor impacto; que la huella del hombre sea menor, para mitigar en parte el daño que se causa a los ecosistemas por la saturación de personas que los visitan.

Es así como se gestan iniciativas en pro de la sostenibilidad turística y se refuerzan las medidas para proteger las áreas naturales.
Surgen, por ejemplo, más alojamientos y transportes que se alinean con esta visión, como los desplazamientos en barco (que producen una huella de carbono mucho menor a la de los aviones), y los hoteles con mejores prácticas que ayudan a disminuir los consumos de luz y agua, minimizan los residuos mediante planes de reciclaje y aprovechan las energías renovables.

Según un estudio realizado por el Consejo Global de Turismo Sostenible (GSTC) y el Instituto Tecnológico Hotelero de España (ITH), el 90 % de los viajeros elige para hospedarse un hotel sostenible y el 34 % está dispuesto a pagar de más por alojarse en establecimientos que cumplan ese criterio.

De esta manera se fortalece el contacto directo con el entorno y se preserva el patrimonio natural en sitios que ya sienten el desgaste por la explotación turística; una forma de explorar el mundo sin dejar un gran impacto tras los pasos.

Conservación nacional

Hablar de turismo verde en Colombia es hablar de oportunidades. La exuberante biodiversidad del país lo hace un destino único para visitantes locales y extranjeros que quieren escaparse a un ambiente natural y tener experiencias más reales.
Al mismo tiempo, las comunidades que viven en esas zonas encuentran una forma de sustento para mejorar su calidad de vida al emplearse en esta actividad económica. Incluso prácticas que antes no eran muy usuales, como el turismo de avistamiento, se han disparado.
De acuerdo con Felipe García, coordinador del programa Ciencias de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, las aves, las ballenas, los venados y el oso andino son los grandes atractivos del país en cuanto a fauna. También hay gran interés de los viajeros por las áreas marinas (en especial por los arrecifes de coral), para la práctica de snorkel y el buceo. Sin embargo eso ha hecho difícil controlar el volumen de visitantes que concurren a ese tipo de zonas naturales.
“Es importante que la gente se informe antes de ir a un destino, investigue y planifique mucho más su viaje. Hay muchos sitios que ya están saturados en términos de capacidad y de carga”, acotó García.
Por eso se hizo necesaria la intervención gubernamental para regular de forma estricta el turismo en áreas protegidas y evitar su detrimento. Carlos Mario Tamayo, subdirector de  Sostenibilidad y Negocios Ambientales de Parques Nacionales Naturales de Colombia, explica que se viene desarrollando un Plan Maestro de Ecoturismo.
Con eso se busca mejorar la prestación de los servicios para los visitantes, conservar el bienestar de los ecosistemas y generarles beneficios económicos a las poblaciones regionales.
Según Tamayo, antes de abrir un parque al ecoturismo lo que se hace es planificar el territorio donde se pueden desarrollar actividades, porque no todas las zonas están disponibles para el público.

Se estudia cuál es el número máximo de visitantes que pueden ingresar por día, dependiendo de los ecosistemas, y se fijan reglas de comportamiento al turista para minimizar los impactos negativos.
Para el avistamiento de ballenas, por ejemplo, las embarcaciones deben permanecer a aproximadamente 200 metros de donde están los animales. Además se debe apagar el motor y no pueden interferir en la ruta por donde se desplazan. Mientras que para el avistamiento de aves está prohibido el uso de grabaciones de cantos para atraerlas, porque eso las puede desorientar.
Tampoco es permitido alimentarlas y hasta para la vestimenta de los turistas se aconseja evitar el uso de colores fluorescentes o llamativos.

Acciones en regiones

Las corporaciones ambientales del país han entendido que la conservación ahora es un atractivo turístico, por lo que están creando planes de gestión para regular la actividad. En Antioquia, por ejemplo, Corantioquia aterriza su hoja de ruta para los próximos 12 años, en los 80 municipios donde tiene presencia la Corporación, con programas y proyectos que llegarán al territorio. Uno de ellos se desarrolla en una zona llamada “la cuchilla”, entre los municipios de Jardín y Támesis, donde existe uno de los pocos ecosistemas nativos que aún se conservan en el suroeste del departamento. La zona está cubierta por bosques densos y de allí nacen fuentes hídricas vitales para la población asentada a sus alrededores.

Así lo contó la directora general de la entidad, Ana Ligia Mora, quien explicó que Corantioquia les paga de forma directa a las familias del sector para que conserven no solo las fuentes de agua, sino también la biodiversidad. “Hay muchos ejercicios de turismo, pero la mayoría son informales. Allí tenemos una oportunidad para Antioquia de desarrollar estas áreas económicamente bajo la sostenibilidad”, dijo.
De esta forma se crean oportunidades de turismo sostenible y responsable; una actividad recreativa que cada vez se realiza con mayor consciencia natural y se perfila como motor de desarrollo.

COLOMBIA TIENE 59 ÁREAS PROTEGIDAS, DE LAS CUALES TIENEN POTENCIAL ECOTURÍSTICO 35. DE ESAS, ESTÁN ABIERTAS AL PÚBLICO 23. PARA LAS 12 RESTANTES SE DESARROLLAN PLANES DE ORDENAMIENTO ECOTURÍSTICO Y SE REGLAMENTAN LAS ACTIVIDADES.

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