Faena sobre la arena

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TEXTO ANDREA LOZANO GUTIÉRREZ

En tierras llaneras el coleo es un culto a la destreza de los campesinos , que sobre un caballo dirigen grandes grupos de ganado.

A los 12 años Ángel Zambrano ya tenía claro a qué dedicaría su vida. No imaginaba otra cosa más que ensillar su caballo y guiar centenares de cabezas de ganado acostumbradas a andar salvajemente por la sabana, donde la planicie del terreno explica porqué la región de La Orinoquía también es llamada “Llanos Orientales”.
En su rancho, ubicado en la costa del Guanapalo, al norte de Casanare, aprendió de coleo, del arreo y del valor de los cantos de vaquería que le regalan a los animales energía y tranquilidad. Y aunque hizo de estos términos su rutina, solo con los años vislumbró su verdadero significado: más allá de ser prácticas campesinas, son herencias que lo identifican como llanero.

Le dicen “La leyenda” porque ha pisado cuatro veces el primer lugar en el podio del Torneo Mundial de Coleo, realizado cada octubre en Villavicencio, Meta, desde 1997. Es el único casanareño que ha logrado esta hazaña, por eso, cada vez que participa en un encuentro recibe una ola redoblante de aplausos.

Quien no conozca sobre el coleo como deporte podría pensar que la estatura de Ángel y sus manos fuertes son su ventaja al momento de maniobrar los toros. Sin embargo, él afirma que de nada sirve la fuerza sin técnica. “Esto es cuestión de disciplina y concentración. Todos los días uno se prepara, hace ejercicios con el caballo y fortalece la confianza
entre los dos para que en la competencia uno salga seguro a perseguir el toro sin importar la velocidad que este tome”.
Ese pensamiento lo comparte Julio Eduardo Santos, creador del Torneo Mundial de Coleo y miembro de la Federación Colombiana de Coleo quien, a diferencia de los coleadores profesionales, ha cultivado su amor por el deporte por pura convicción. No lo práctica, tampoco pertenece a una familia llanera.
Nació en Viotá, Cundinamarca, a seis horas en carro del municipio de San Martín, Meta, al que llegó muy pequeño con su familia para dejarse envolver por la gracia de una cultura que se mueve al ritmo del arpa y las maracas, sabe a mamona —ternera asada— y basa su riqueza en las tradiciones del campo.
Consolidación del deporte Julio recuerda que a finales de los años sesenta, en la programación de las fiestas patronales de varios pueblos llaneros, entre ellos San Martín, se incluyeron las primeras competencias de coleo.
Cerraban las calles principales y ¡a competir! El premio mayor era el beso de la reina.

Precisamente, en uno de esos espectáculos se coló con su hermano en las graderías, presenció varias corridas y fascinado por la maestría de los coleadores se propuso tanto exponer el talento local en otros escenarios del mundo, como traer exponentes extranjeros para darle larga vida a esta costumbre que tanto lo enorgullece.

En su recorrido por varios países se dio cuenta de que el coleo no es un deporte propio de Colombia y Venezuela. En otros también lo practican desde hace varios años, aunque estén bautizados con diferentes nombres: ‘hierra’ en Panamá, ‘vaquejada’ en Brasil y ‘charrería’ en México, en este último responden más a la vaquería que al coleo, la cual consiste en enlazar las reses, arrearlas y jinetear caballos.

No obstante, las emociones que este deporte genera en los llaneros hace que lo sientan suyo. El coleo es para ellos lo que el fútbol para los argentinos. Por eso, las competencias no paran a lo largo del año, hay múltiples clubes que forman a los deportistas desde pequeños y detrás de cada evento, un grupo de personas lo impulsan como un atractivo turístico, dado que las ganancias movilizan positivamente la economía regional.
Hoy, Ángel tiene 66 años, y su hijo, quien lleva su mismo nombre, 36. Son dos generaciones distintas aferradas a la misma afición: “el coleo es lo que más quiero y lo que más me gusta hacer”, expresa el casanareño. Con el mismo gusto acompaña a sus ‘muchachos’como llama a todos aquellos que han recibido sus consejos para mejorar la técnica una vez se echan a andar en la manga tras el toro para conseguir la mejor figura.

Por ahora seguirá compartiendo sus conocimientos y consintiendo a Estreno, el caballo que lo ha acompañado en las últimas presentaciones, dice que gracias a sus fieles compañeros (Mustang y Tres Letras, otros caballos que han competido con él) ha logrado vivir muchas alegrías en el coleo.

Julio, por su parte, prepara desde ya la organización del próximo torneo, que hará vibrar a locales y visitantes cuando se abra la puerta del corral y el toro invite a una nueva faena.

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