Luis Eduardo Arango, medio siglo de actuaciones maravillosas

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Escribe: Omaira Ríos Ortiz

A sus sesenta y ocho años Luis Eduardo Arango posee una de las carreras más prolíficas y exitosas de la televisión, el teatro y el cine. Justamente, este año cumple cuarenta años como actor de televisión y cincuenta y dos en el teatro.

Una de las cosas que más me conmueve de este actor es la honestidad y humildad que jamás ha perdido, ni siquiera en sus momentos de mayor gloria. Cuando habla de sus cosas privadas se muestra sin maquillajes, confiesa sus pecados y nunca oculta su origen humilde. Siempre ha tenido claro su amor por la actuación sin caer en la trampa del estrellato. Va de frente por la vida y da la cara con franqueza a sus problemas con una actitud positiva.

EL AMOR SIEMPRE PRESENTE

Luis Eduardo nació en Medellín el 17 de agosto de 1950, así que está próximo a cumplir sesenta y nueve años. En enero de este año se casó por tercera vez en su ciudad natal con una joven psicóloga, bailarina y coreógrafa llamada Lady Torres.

Lo curioso es que siempre Luis Eduardo ha estado en pareja y cuando una relación se termina al poco tiempo vuelve a casarse, ¿cómo hace para desenamorarse y enamorarse tan rápido? “Yo nunca he sido picaflor, no me gusta estar de aquí para allá y siempre he tenido matrimonios largos. El primero, con Carolina Sarmiento, duró ocho años y tuvimos a mi hijo Santiago; con Ana Bolena fueron dieciséis años y tuvimos a Luis Felipe y Gabriela. Lo que sucede es que con el tiempo los matrimonios se van desgastando y llega un momento en que uno de los dos no soporta al otro o los dos no nos soportamos. Cuando conocí a Lady hacía mucho tiempo que me había separado, vivíamos en la misma casa por conveniencia económica y por los hijos, pero no había nada más entre nosotros. Yo no estaba buscando pareja aunque ya tenía mi corazón y mi mente dispuesta. Creo que he tenido suerte, simplemente se dieron una suma de casualidades y nos fuimos enamorando. Llevamos ocho años juntos y ya era hora de darle piso a nuestra relación”.

¿Pero cuál es su secreto para atraer tal suerte, cuál es su encanto? “Yo creo que debe ser mi actitud frente a la vida, el buen humor y la caballerosidad”.

Su compromiso como padre es evidente en el hecho de que los dos hijos que tuvo con Ana Bolena prefirieron quedarse con él. “Mis hijos son mi adoración, los amo con toda mi alma”. El mayor es publicista y los dos menores, al parecer, desean seguir la carrera de su padre y ya se han presentado a pruebas de casting.

ENTRE EL TEATRO Y LA TV

Aunque el actor posee una de las carreras más sólidas y brillantes del medio, en ocasiones ha tenido que ingeniárselas para vivir de su profesión. Mirando su recorrido artístico, hay períodos de uno o dos años sin trabajo en televisión. En esos momentos tuvo que rebuscarse el sustento montando obras de teatro con Ana Bolena y amigos como Mario Ruiz, o en solitario. También durante muchos años fue actor de planta del Teatro Nacional. Según una reseña suya hecha por éste teatro, Luis Eduardo es uno de los pioneros en café-concierto en Colombia. Trabajó en La Gata Caliente con Fanny Mikey y juntos recorrieron el país.

Su primer trabajo en teatro fue a los diecisiete años en La celestina, montaje realizado por Colcultura, con la que se ganó su primer sueldo de 9.300 pesos. También estuvo en el grupo de teatro de Telecom, luego con El local y dirigió un grupo de teatro en la cárcel El buen pastor. Desde entonces ha estado en más de veinte producciones, entre las que podemos destacar El rehén, ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, El sexo mandamiento, Extraña pareja, Taxi (producción que fue un verdadero fenómeno en su época con más de 300 presentaciones), Se necesita un tenor, Sugar (otro súper éxito que recorrió el país), Cartas de amor, y Art. En el 2010 tuvo el coraje de montar el stand-up comedy titulado Venga le cuento. Allí desnudó su alma y hasta se atrevió a confesar su primera traba con pegante bóxer en la fábrica de zapatos de su padre. Una obra personal en la que se burlaba de sí mismo. En esta lista no aparecen las obras montadas con otras compañías teatrales.

Los cuarenta años de televisión nos han dado a los colombianos muchos momentos tiernos, dulces y divertidos, con sus más de treinta y cinco participaciones en novelas, series y comedias, entre las que vale la pena destacar El personaje de William Guillermo en Don Chinche, bajo la dirección de Pepe Sánchez, personaje que gustó tanto que tuvieron que crearle una comedia aparte titulada Romeo y buseta. Sus papeles en Caballo viejo, Quieta Margarita, Me llaman Lolita, Los cuervos, El hombre de negro y La hija del Mariachi son ya clásicos de la televisión nacional.

Su primera aparición hace cuarenta años fue en La abuela, de RTI, un personaje que era casi un figurante. Luego vino Bola de Cebo, dirigida por Bernardo Romero, y por fin, ese mismo año, su primer protagónico en Mujercitas. De toda esta experiencia que le ha dejado su recorrido artístico quisimos conocer cuáles son esos directores, libretistas y actores que han dejado huella en su vida.

“El director que más recuerdo con cariño es a Pepe Sánchez por su gran valor humano que es incomparable, disfruté mucho interpretar los libretos de Mónica Agudelo en La hija del Mariachi y en La costeña y el cachaco, así mismo trabajar con Bernardo Romero en Caballo viejo. En cuanto a los actores admiro y disfruté trabajar con Enrique Carriazo en La gloria de Lucho, tengo muchos años de amistad y quiero mucho a Mario Ruiz. Juntos montamos un musical llamado Años maravillosos y lo hemos presentado en el teatro Skandia. También admiro a Julián Román y aunque algunos no me lo crean me gustaría volver a trabajar con la gran Vicky Hernández”.

Cuando le preguntamos por el personaje que más ha disfrutado mencionó prácticamente a todos los que ha encarnado. El de Quieta Margarita le sirvió para descubrir que tenía un talento para cantar especialmente tangos, el mismo que ha aprovechado para montar musicales. Incluso grabó un disco con canciones de la novela. William Guillermo en El Chinche y Romeo y buseta le ganó el corazón de los colombianos, el villano con mala suerte de Caballo viejo nos hizo reír muchísimo, al igual que el valluno medio loco de Me llaman Lolita.

En cine ha trabajado en La lectora, Golpe de estado, Bluff, De amores y delitos, El alma de país y El país más feliz del mundo.

Pese a esta extensa trayectoria el actor todavía tiene un sueño por cumplir. “Todavía tengo sueños, solo que los de televisión son muy difíciles de realizar pero en teatro me gustaría interpretar a Tomás Becket, el obispo de Canterbury durante el reinado de Enrique II. Me gusta porque tiene todo; era bueno, perverso, santo, maquiavélico. Un personaje muy complejo.”

COMO EL AVE FÉNIX

Durante su carrera artística, que comenzó en condiciones económicas tan precarias que llegó a padecer hambre, Luis Eduardo Arango ha demostrado ser un guerrero incansable que ha sabido reinventarse en épocas de crisis y ha logrado salir airoso como ave Fénix, porque no siempre la fortuna ha sido constante con él, que ha sabido sobrevivir a este medio tan frágil.

Él mismo ha confesado que en sus inicios vivió de la solidaridad de sus amigos y muchas veces su comida fue un tinto. Cuando por fin inició en la televisión tuvo una década gloriosa. En esos años 80 el éxito de su personaje William Guillermo lo convirtió en el actor del momento, luego en los 90 tuvo que sobreponerse a la separación de su primer matrimonio y al fracaso de la novela Mambo, por culpa de la cual estuvo vetado por aquellos a los que les rechazó una oferta para trabajar. Fue tal la crisis que estuvo a punto de vender su casa, su único patrimonio. Por fin volvió a surgir con las producciones de RCN en el 2000.

Se ha sobrepuesto a dos separaciones con elegancia y discreción, y en el ocaso de su vida le está apostando de nuevo al amor en pareja. Su calidad como actor y como ser humano se plasma en el hecho de tener amigos entrañables de toda la vida, y en que los directores que una vez lo contrataron se “casan” con él. Fue el preferido de Julio Jiménez, Bernardo Romero, Pepe Sánchez, David Stível y Fanny Mikey. Ha trabajado en armonía con las dos grandes programadoras, cosa que pocos hacen.

Él mismo tiene claro por qué tanta gente del medio lo quiere a su lado y pese a su edad y las crisis del medio lo siguen llamando. “Creo que es por la calidad y la calidez de mi trabajo. Porque soy para ellos confiable, llego a tiempo, soy responsable y porque soy afable, tengo buen temperamento, soy positivo y si tengo que hacer un reclamo lo hago de buena manera por eso nunca he tenido peleas con nadie”.

En la actualidad está en Cosa de tragos, escrita y dirigida por Dago García, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro Nacional de la 71 conocido como Teatro Fanny Mikey, y lo estamos viendo por Caracol Televisión en La gloria de Lucho. También está grabando una serie para RCN de la cual no puede hablar todavía.

Los sesenta y ocho años que tiene en la actualidad no se le notan, se mantiene activo y dinámico, las dificultades de la vida no han mermado su buen humor y calidez. Medio siglo en la actuación no han hecho mella en Luis Eduardo, quien parece tener cuerda para rato. Él es la prueba de que el talento no es suficiente para tener una carrera sólida y brillante, la calidad humana y la pasión por lo que se hace juegan un papel importante, y al actor le sobran estas cualidades. Creo que se merece que le cantemos con mayúscula: Feliz cumpleaños y que los siga contando.

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