EL MERCADO DE PULGAS: UN OFICIO MILENARIO COMO COMERCIO SOSTENIBLE, AD PORTAS DE LA MODERNIDAD

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Fotografías: SXC.hu (Banco de Imágenes)

Escribe: Danisol Arrieta Bonilla

Los Mercados de las Pulgas, San Alejo como se les dice en Medellín, Tianguis en México o Mercadillos en España, son en esencia lo mismo, lugares de compra y venta de artículos nuevos y usados a un menor costo.

Sin embargo, son los mejores espacios para conocer una cultura y su diversidad; en ellos puedes disfrutar desde un típico y sencillo dulce o postre de la región hasta bebidas elaboradas artesanalmente, escuchar música, adquirir artesanías, bisutería autóctona, antigüedades, vestuario y cuanto se nos ocurra que ha quedado en desuso y quizá en buen estado.

Allí también encontramos objetos llamativos, producto de la transformación y el rediseño, creativos e innovadores con fines decorativos u otras prácticas de tipo ancestral como utensilios de barro para cocinar, pipas, lámparas o sillas en material rustico – muy naturales – y uno que otro juguete.

Muchos artículos que dejaron de ser funcionales, en la medida que ya no sirven para lo que fueron creados, inspiran el ingenio y la sensibilidad de algunas personas que indiscutiblemente encuentran en lo viejo y usado una oportunidad económica y divertida de obtener ingresos.

No hay país, región, departamento o ciudad que no cuente con un “Mercado de Pulgas”, el más grande del mundo es el de Saint Quen de París, con once millones de visitantes al año, caracterizado por ser un gran proveedor de antigüedades y de segundas, entiéndase por este término objetos  usados que ya tuvieron un primer dueño.

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En Japón, por ejemplo, los hay especializados para mujeres y niños donde ellos mismos hacen las negociaciones, como también
temáticos de anime con vestuario y juguetes coleccionables. Claro que no es de extrañar, ya que en Japón por cultura no les gusta desperdiciar nada y son muy disciplinados con el cuidado de sus cosas.

Asimismo, en Colombia los mercados de las pulgas son de interés cultural y turístico, tanto que el San Alejo de Bogotá fue declarado patrimonio cultural e histórico de la ciudad hace un par de años.

En este sentido, los mercados de las pulgas se convierten en los escenarios socioeconómicos más representativos de cualquier cultura; cada punto de venta hace su aporte con sus artículos y su respectiva historia, cada negocio unipersonal o familiar que lo conforma, ha hecho su tarea en el aprendizaje de este oficio milenario e informal al crear, recuperar y restaurar lo que otros han desechado.

Pero no hay que dejarse engañar, no faltan quienes se aprovechan del espacio y la creencia tradicional para timar y vender artículos importados a un menor costo y de mala calidad.

Si bien este tipo de mercados hacen parte de la economía informal y el “rebusque”, resultan ser un medio alternativo para muchas familias que trabajan unidas y conservan la tradición del oficio y la cultura del regateo, muy propias de este comercio milenario.

El regateo borra todas las barreras entre el comprador y el vendedor, ambos proponen y llegan a acuerdos, a diferencia de los centros comerciales donde pagas impuesto desde que entras hasta que sales. Una gran ventaja de los mercadillos es que el punto de venta no produce gastos mayores a una carpa, una sábana en el suelo o una mesa; cualquier espacio termina siendo bueno para exponer productos y artículos.

Aquí el rebusque toma otras dimensiones, pues un artículo, objeto o pieza después de haber cumplido su ciclo de uso en un hogar (por así decirlo) y se encuentra en buen estado, tiene oportunidad de reinventarse para ser útil de nuevo para quienes son amantes de las colecciones o buscan algo “auténtico”.  De esta manera, el rediseño o mejor dicho, el diseño a partir del reciclaje entronizan los Mercados de las pulgas en una onda ecologista e impulsan una cultura más consciente del valor de reutilizar las cosas y restaurarlas, lejos del consumo desmedido que busca desechar y destruirlo todo.

Vale decir que en la actualidad los mercados de pulgas tienden a moverse bajo una filosofía de sostenibilidad, muy oportuna para la modernidad y el futuro, más ahora que el Estado y el desarrollo requieren implementar dinámicas sociales y económicas de sostenibilidad en todos los aspectos que intervienen en la convivencia y la subsistencia del hombre.

“En Colombia los mercados de las pulgas son de interés cultural y turístico”

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Por eso, cuando viajamos no debemos privarnos del placer de visitar un mercado de pulgas, interactuar con la gente, aprender a regatear y recorrer el lugar con la mente abierta a vivir la experiencia de un tour por la historia y el desarrollo de las primeras formas de comercio mezcladas con los actuales convenciones sociales.

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