Mandalas de la moda, creencias que llevamos puestas en la ropa

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Escribe: Laura Catalina Bonilla

Los seres humanos viven sus creencias, las visten, las comen, las usan todo el tiempo. No hay que ponerle por obligación nombre de religión a lo que se cree, sin embargo, todo lo que tenemos en nuestro espacio es porque lo creemos válido y cierto.

Las creencias influencian en gran medida la ropa que cada persona usa.P1060360

En algunas ocasiones, dicha creencia es más generalizada y se presenta en el entorno como una norma y entonces una gran cantidad de personas coincide en los códigos de vestir, como por ejemplo el uso del hiyab en el oriente medio o los vestidos ceremoniales en el Japón e incluso, los trajes de etiqueta formal (que aún se usan en fechas especiales); otras veces, es un tanto más flexible y queda como una especie de marca o matiz en un lugar, como lo es la preferencia de colores de una región a otra (basta con mirar una pasarela en Brasil y una en Italia para ver que hay diferencias en los colores que predominan allí). En otros casos, la moda importa de otros espacios algunas creencias sin que por ello pierdan su historia anterior; esto último es lo que pasa específicamente con la moda hindú y con los mandalas.

El origen de los mandalas viene de la tradición budista e hindú, son para ambas una serie de representaciones simbólicas y esquemáticas del macrocosmos y el microcosmos que existe, en términos occidentales, son representaciones del universo y del yo interno. Estas piezas rituales se hacen alrededor de diagramas circulares, lo que representa la armonía, la perfección y el ciclo. En su forma más ritual, el mandala sirve para relajar los sentidos y poner al cuerpo en disposición para la meditación, actividad esencial para alcanzar la plenitud según el budismo.

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Mandala tradicional, en el monasterio de Tharlam, Nepal. Fotografía: Wonderlane, Wikimedia Commons.

El mandala tradicional tibetano se hace para momentos específicos, tiene un número de variaciones limitadas y normadas; y lo más importante, es efímero: se hace con arena de colores, en su construcción participan hasta cinco personas y puede tardar en estar listo hasta una semana, luego de la cual es destruido.

Para los monjes del Tibet, el mandala es importante en cuanto a la exactitud con que se realiza y a su proceso de construcción, no tanto como resultado material. Como forma, son una gran pieza de geometría, la mayor parte de estos mantienen proporciones simétricas y crecimiento fractal (1.)

Muchas otras culturas tienen composiciones mandálicas, como los huicholes en México, algunas tribus nativas australianas y nativos americanos. Todas con un punto en común: lo usaban como forma de representar lo perfecto.

Carl Jung, el famoso psicólogo pupilo de Sigmund Freud, también llegó a usar mandalas como parte de su teoría sobre la psiquis humana, en los que explicó que su representación era una expresión psicológica de la totalidad del ser y que realizarlos llevaba a la pacificación de los miedos y ansiedades propias. Jung fue uno de los primeros occidentales en poner en el ruedo de las creencias de este lado el concepto del mandala. Es interesante que, en ese momento, el mandala perdió una característica importante de su tradición anterior, dejó de ser hecho de arena y por tanto perdió su calidad de efímero; Jung trabajaba sobre papel y aún hoy se conservan sus piezas personales.

Ya en la década de los 60 y 70, con el conocido movimiento hippie, las tradiciones hindúes y tibetanas tomaron fuerza, ya que había una sintonía entre la idea de paz y conexión con el universo del hipismo y las expresiones de paz de estas dos religiones. A esto, se le sumaría también de forma indirecta el hecho que en años anteriores, de la India hubiese surgido un líder de oposición pacífica como Mahatma Gandhi, referente de los movimientos pacifistas de finales de los 60 que, cansados de la guerra, estuvieron en contra de que hubiese enfrentamientos en Vietnam y otros lugares del mundo.

Estas influencias permearon muchas partes de la cultura, como la salud, las prácticas religiosas y también la ropa que usamos. Los Beatles, en los 70, ya habían impuesto las prendas de corte hindú entre los jóvenes y sí, los mandalas se habían convertido también en expresiones propias de la representaciones artísticas psicodélicas y de la moda que surgía en este contexto. Para los 80 y 90, el uso mandálico en estampados, repites y texturas textiles ya se había propagado ampliamente y hoy podríamos ir a cualquier tienda de consumo masivo y encontrar al menos una aplicación de estas en una prenda. De hecho, debido a su proliferación y a la aceptación que ha llegado a tener con el tiempo, ropa hippie y étnica ya son una categoría de la misma moda y tiene sus subdivisiones como hippie chic, por citar un ejemplo.

Hoy, si usted ve un estampado de mandala, puede llegar a hacer una relación casi instantánea con el tibet, el hippismo, con la paz, la conexión del universo y con la moda y, sin siquiera pensarlo, si gusta de este tipo de aplicaciones, escoge la prenda, paga en la caja y la usa como una prenda más de su cotidiano que, como se expone a lo largo de este texto, aún sin pensarlo está plagado de creencias que llevamos puestas encima, en forma de ropa.

1. Un fractal es una composición geométrica la cual en su desarrollo espacial va reproduciendo una figura básica cada vez a una escala menor.

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