MODA EN TONO ALELUYA

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Escribe: Marcela Beltrán Gómez

Camisas, sotanas, albas, casullas y estolas; quizás no sean palabras populares en las pasarelas de Milán, París o Nueva York, sin embargo hay quienes gracias a estas palabras están ganándose un espacio en el mundo de la moda, claro, una moda exclusiva para sacerdotes.

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Casullas en los colores verde, rojo, morado y azul en el almacén Santini. Fotografía: Cámara Lúcida

Al hacer un ligero recorrido por las céntricas calles de Medellín, justo detrás de la Catedral Metropolitana, en un sector conocido como “El Vaticanito”, las vitrinas exhiben sotanas de colores brillantes, ornamentos religiosos y estatuas en mármol de finas facciones que dan la sensación de estar vivas. Es allí donde diariamente Martín Bustamante y Ana Milena Flórez inician una jornada de trabajo, que sin dudarlo siempre está en manos del Altísimo.

Martín, que se dedicaba a la elaboración de corbatas, un día terminó siguiéndole la cuerda a su proveedor de telas en Italia, quien le recomendó entrar en el negocio de la manufactura litúrgica:

“Hace 7 años con unas muestras de telas hicimos unos ornamentos para ver cómo se veían, los exhibimos en una feria católica y no duraron ni media hora”, recuerda este paisa que hoy trabaja en la ampliación de su negocio con dos nuevas sedes de su almacén Santini.

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Estolas en el color verde, rojo, morado en el almacén Santini. Fotografía: Cámara Lúcida

A pesar de que los trajes tienen ciertas características que dictan las leyes de la Iglesia y que las prendas siempre se trabajan con los colores litúrgicos de base -rojo, blanco, verde y morado- y para ocasiones especiales – rosado, azul y dorado-; algunos sacerdotes quieren que sus atuendos sean lo suficientemente cómodos para sus actos religiosos, y por qué no, convertirse con estos en referentes de la moda católica; es más, las nuevas tendencias en la alta costura religiosa provienen directamente del Vaticano. Un claro ejemplo fue el papado de Benedicto XVI, quien con sus casullas romanas finamente decoradas con hilos dorados, impuso una moda en los sacerdotes. Hoy en día y gracias a la moda austera del papa Francisco I, los trajes son menos opulentos y le apuntan a la sencillez en los decorados.

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Estola bordada a mano en el almacén La Santa Cruz. Fotografía: Cámara Lúcida

 

Sin importar la comunidad a la que pertenezcan o las parroquias donde trabajan los sacerdotes, ellos siempre querrán lucir de la mejor manera, y eso es evidente cuando frente al espejo y con sotana en mano, eligen con qué prendas realizarán sus oficios religiosos. Algunos de ellos tienen ciertos “caprichos” a la hora de elegir telas y disenos: “Hay sacerdotes muy pinchados, que se miran varias veces al espejo y se prueban varias prendas para elegir una”, comenta Martín, que con su labor cambió la imagen que tenía de los “curas”: “Siempre vi a los sacerdotes muy serios, pero este trabajo me ha permitido conocer su faceta más relajada. Además de que son muy cultos, también echan chistes y son conversadores”, asegura.

Al igual que Martín, Ana Milena sabe que este negocio está aún sin explorar, por eso se ha tomado el trabajo de indagar todo lo referente sobre el mismo. La conexión con su trabajo se remonta desde su infancia, cuando su padre en Cañasgordas (Antioquia) tomó cursos de orfebrería y explotó un talento que, quizás a través de los genes, atrapó a esta mujer, cuyas manos son las encargadas de bordar estolas, casullas y demás ornamentos sacerdotales.

“Siempre me gustó investigar todo lo relacionado con el arte del bordado. Viajé a Cartago y casi que puerta a puerta pregunté quién podía hacer uno con ciertas característica. Ahí me di cuenta que el arte de bordar se está perdiendo” asegura Ana Milena, quien además de su trabajo artístico con los ornamentos tiene en mente para el futuro lanzar un “supermercado” religioso; un lugar donde se encuentren todo lo necesario para la actividad religiosa.

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