El Aguardiente y sus viajes

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1958
el aguardiente y sus viajes

Escribe: Juliana Pérez

El bambuco lo resume muy bien en dos versos. El aguardiente es, sin duda alguna, nuestro licor nacional. Muchas historias populares de estas tierras vienen acompañadas con ese saborcito amargo que emborracha más ligero que el vino.

Tal es el caso de las onces bogotanas, de los contrabandos de tapetusa de los arrieros, o incluso de la primera fábrica colonial en este rinconcito de América. Un dato curioso que vale la pena traer a colación, entre 1784 y 1787 se construye la primera fábrica en Colombia, y no precisamente fue una industria textil, se trató de la primera fábrica de aguardiente, que por aquel entonces tuvo el privilegio de surtir a los habitantes de la nación.

Colombia produce gran variedad de aguardientes, todos con un tono ligeramente distinto. Entre los más famosos están el Antioqueño, el Néctar en Cundinamarca, el Doble Anís en el Huila, Cristal en Caldas, el aguardiente Nariño, aguardiente Líder en Boyacá,  el Quindiano, el Llanero, el Tapa Roja, el aguardiente de Putumayo, el Platino en Chocó y el Extra del Caquetá.

Si se dibujara un mapa aguardientero, prácticamente cada región tendría su exponente. Sin embargo, aunque el aguardiente parece más local que foráneo, la realidad es que es un producto de la colonia, que al igual que el español y la religión nos llegó de Europa. Las primeras muestras del aguardiente vinieron con Cristóbal Colón en el descubrimiento. Dicen los cronistas que en el primer viaje de Colón a las Américas, los “indios” le regalaron a este un detallito bastante particular: el tabaco. Al segundo viaje, como forma de pagar este presente, Colón les trae a los nativos la caña de azúcar, la panela y la miel, además de otra cosita, un líquido agridulce que les recordaba la palabra guarapo.

Y es que en Europa, Asia y África, el aguardiente ya era un viejo conocido.

Se tienen registros de licor destilado de estas características, desde los tiempos de Alejandro Magno. En esa época se había difundido por Persia, Siria, Egipto y Sicilia. Más tarde, en el siglo XV, el aguardiente alcanzó Portugal y se producía a gran escala. En ese largo proceso, se añadieron otros ingredientes como el anís que llegó en el año 802 d.C, en la época de Carlomagno; en algunas regiones le agregaron comino y otras especias, como es el caso del kummel, un aguardiente ruso que contiene comino. Incluso en un principio, esta agua que arde se llamaba Aqua Vitae o agua de vida y era usada como remedio para muchos males como la gota, erradicar liendres y piojos, para aliviar la tiña, eliminar las arrugas, para el buen aliento, para curar la artrosis, para el mal de oído, y para aliviar los ánimos.

De aguardiente se hacían hasta ungüentos para curar la lepra, a partir de maceración de hojas, de leches y metales; pasando también por aceites balsámicos para enfermedades “frías” y miles de colirios para los ojos, las articulaciones y otros más.

De vuelta a América el aguardiente, ese remedio milagroso, viajaba en toneles en La Pinta, La Niña y La Santa María.

Para 1700, había ya una legislación sobre las concesiones aguardenteras, en 1731 se prohibió su producción y “saca”, en 1760, ante la exacerbación de su producción clandestina, se permitió la producción a particulares. Luego, en 1905, los Estados se hicieron cargo de la producción del mismo; en 1948 comenzaron a promulgarse las primeras normas de salubridad y finalmente, hoy el aguardiente es un acompañante obligado de casi todas las fiestas en nuestro país.

¿CÓMO SE PREPARA EL AGUARDIENTE?
En muchos lugares del mundo hay distintas clases de aguardientes que se hacen a base de uvas o papa, entre otros ingredientes. Técnicamente, el vodka, el whisky, el tequila, el ron, el coñac y otros muchos licores son aguardientes por su preparación, añejamiento e ingredientes que aparecen en el proceso.

Nuestro aguardiente es una bebida alcohólica de caña anisada, de color blanco, oloroso y por lo general seco.

Hacer aguardiente es relativamente fácil, primero hay que aclarar que más que una fabricación, este licor se prepara, se mezcla. Primero se elabora el alcohol a partir de la miel virgen de caña con la que se hace un jugo, luego se destila las veces que sea necesario, se le agrega el anís en caso de que sea un aguardiente anisado y posteriormente se diluye con agua, de este proceso dependerá los grados de alcohol y la pureza del mismo.

Ahora sí, tras un breve recuento… Pa’ arriba, pa’ abajo, pa’l centro y pa’ dentro…
A brindar con esta bebida espirituosa, que además de estar en fiestas, llorar en velorios y hasta curar corazones rotos, también nos ha acompañado en la historia.

*EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD. LEY 30 DE 1986. PROHÍBASE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD. LEY 124 DE 1994

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