LAS DULCES CEREMONIAS DEL VINO

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EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD. LEY 30 DE 1986. PROHIBASE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD. LEY 124 DE 1994

Escribe: Alejandro Gómez

Si hablamos de Colombia mística nos detendremos, claro, en las festividades religiosas; y dentro de las mismas, cuál acto reviste mayor importancia y se sucede con mayor frecuencia que la eucaristía.

No deja de llamar la atención que en un país de tan fuerte tradición católica como Colombia, donde sus fiestas y sus monumentos religiosos no solo son frecuentes sino que convocan de manera importante tanto a la gente del país como a turistas, el tema de los reglamentos y normas que rigen la vida eclesiástica y en particular los usos en las liturgias sean tan desconocidos.

Hace poco me preguntaban por cuál es el vino que se utiliza para consagrar y, la verdad, creo que es una duda interesante que bien vale la pena tratar de aclarar.

En principio se dice que cualquier vino puede ser consagrado por un sacerdote y por ende usado en una celebración. Ahora bien, según las normas de la Iglesia, la condición fundamental para que se considere “vino de misa” es que este debe ser absolutamente “natural, a partir de las uvas”, por supuesto no se permite el uso de licores mal llamados “vinos” pero que en realidad son licores de manzana, durazno y otros. Su proceso de fermentación debe ser natural aun cuando, para lograr el efecto dulce que es ya tradicional y que parece agradar más a los paladares eclesiásticos, se puede añadir alcohol vínico en el proceso, lo que evita que los azúcares contenidos en el mosto en fermentación se conviertan en alcohol como en la elaboración de vinos más ortodoxos.

En esta bebida, los grados de alcohol no son tan relevantes, por esta razón el vino de misa oscila entre los 11 y los 15 grados. Por su parte, el Vaticano ha autorizado a los sacerdotes con problemas de alcoholismo a utilizar en sus celebraciones religiosas vinos sin alcohol.

Los vinos que se usaban anteriormente para estos propósitos eran tintos, en la actualidad, sin embargo, los prefieren blancos, de una tonalidad amarilla, ambarina, esto al parecer porque los tintos manchaban de manera fuerte los diferentes paños y ornamentos que se usa en la eucaristía y que sirven para secar y limpiar el cáliz luego o durante la ceremonia.

Su uso está originado en el pasaje bíblico que recuerda la última cena de Jesús con sus apóstoles en la cual, al terminar, toman vino y se les invita a repetir esto en el futuro “en mi memoria” (Lucas 22:19).

Al tratar de analizar un poco sobre el tipo de vino nos encontramos con que, en general, son vinos de calidad apenas justa, sus propósitos ceremoniales y su consumo limitado – la mayoría de las veces – lleva a que no se les exija mucho. Normalmente se trata de un moscatel o una mistela dulce que pretende recordar aquel vino especial que acompañó la última cena que – como dato curioso – parece que fue un syrah, por la fuerte presencia de uva en la zona de Palestina por aquellas calendas.

En Colombia, Casa Grajales es el principal productor, su directora de producción afirma que anualmente se producen entre veinte y treinta mil cajas —cada caja son nueve litros, doce botellas— en todas las referencias de vinos de consagrar y que el 85% se va al consumo normal. Grajales logró sacar del mercado a la antioquena Provica desde 1977 y sentar su dominio sobre el mercado nacional.

Si nos atenemos a lo normado por el Compendio moral salmaticense: “Es más conveniente usar de blanco, que de tinto o rojo por ser aquel más limpio, y más propio de la pureza de este sacramento. Es también muy laudable, y conveniente a la reverencia de él, valerse del vino mejor, o por lo menos de mediana calidad, y que sea grato al paladar”. Algo puede tener de cierto.

La verdad es que el vino de consagrar, salvo los afectos que pueda generar en algunas personas como un complemento muy dulce a visitas familiares de personas mayores, no es una alternativa muy recomendada a la hora de tomar decisiones de tipo gastronómico. En cualquier caso no lo

miremos con desdén, es bueno recordar que fueron los clérigos, en particular los monjes, quienes perfeccionaron en buena parte el vino en la Edad Media en sus monasterios y aun cuando era mucho más el que bebían con intereses non sanctos, también lograron que la liturgia contara con uno de sus elementos esenciales hasta nuestros días.

En cualquier caso, de todos los vinos que pueden estar en nuestro mercado, el vino de consagrar es el que menos me despierta simpatías por lo que me cuido de recomendación alguna; si usted decide beber más de una copa, ya no con fines piadosos sino por los caminos de la dispersión y juerga, hágalo bajo su propio riesgo; por la resaca o “guayabo” no respondo, se dice de ella que puede ser “bíblica”.

Una nota final:
Con la “cacería de brujas” ocasionada por la nueva norma de nuestro Congreso que sanciona hasta los niveles muy bajos de alcohol en sangre en los conductores de vehículos, uno se pregunta si el oficio de sacerdote católico que un domingo oficia de 4 a 8 misas con el consecuente consumo de vino estará siendo objeto de algún tipo de seguimiento o ¿se podrá considerar una limitación a la “libertad de cultos”?

EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD. LEY 30 DE 1986. PROHIBASE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD. LEY 124 DE 1994

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