Yoga aéreo, la sensación de volar

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Desde el 2014, el yoga en Europa se ha venido reinventando con una nueva modalidad: el yoga aéreo, una fusión del yoga tradicional con ejercicios aéreos que dan la sensación de estar volando.

El yoga aéreo combina posturas de yoga y pilates mientras la persona está suspendida en el aire con un columpio similar a una hamaca.

Esta práctica tiene como objetivo conseguir un balance entre cuerpo y mente. Además, quienes se ejercitan con esta disciplina profundizan en sus posturas corporales, desarrollan la creatividad, desbloquean la mente, oxigenan y desintoxican el cuerpo.

El éxito de esta disciplina, muy popular en el viejo continente y que ya tiene un importante grupo de seguidores en Colombia, radica en que concibe el cuerpo como obra de arte, lo que permite que durante su ejecución las personas utilicen el columpio para explorar posturas invertidas y de suspensión, que brindan alineamiento y fuerza del cuerpo y ofrecen mayor flexibilidad en el movimiento.

¿Qué beneficios trae practicar el yoga aéreo?

Las posturas y ejercicios realizados en el yoga aéreo, o yoga de suspensión, han sido supervisados por expertos en medicina deportiva, quienes coinciden en los impactos positivos de este entrenamiento, que ofrece beneficios no solo físicos y mentales, sino también de orden emocional.

Gracias a sus posturas invertidas, el yoga de suspensión mejora la circulación de la sangre en el cuerpo, beneficiando el aspecto de la piel, lo que se traduce en rejuvenecimiento. De igual manera tonifica los músculos y combate la celulitis y la flacidez. Al practicarse sobre un columpio suspendido en el aire, los ejercicios hacen que todos los músculos del cuerpo se activen, lo que obliga a tener un control total de sí mismo.

Para algunas posturas se necesita estar cabeza abajo, lo que libera presión de las articulaciones y ayuda a que estas se oxigenen y sean más livianas. Además, esta postura hace que los líquidos se muevan, lo que permite que el cuerpo drene toxinas y facilita un sueño más profundo y tranquilo.

Se estima que al estar suspendido por unos cincuenta minutos realizando diversas posturas, pueden llegar a quemarse hasta trescientas calorías, lo que implica pérdida de peso. Así mismo, este ejercicio abre la columna vertebral, fortalece los pulmones, el sistema urinario, el sistema linfático, el aparato digestivo y el cerebro.

En el campo emocional, el yoga aéreo es eficaz para combatir la ansiedad, el estrés y los nervios. Es relajante, ya que nos reconecta con nosotros mismos. Al practicarlo descansamos mejor y combatimos nuestras fobias.

En la práctica, el yoga en suspensión tiene cuatro herramientas base para el trabajo en el sistema artístico: el cuerpo, el espíritu, la respiración y la energía. Estos cuatro componentes son esenciales para potenciar la creatividad y el crecimiento personal.

¿Cómo son las clases?

Para comenzar, todos los asistentes deben hacer una rutina de calentamiento sobre el columpio para tener estabilidad en este apoyo. Algunos instructores combinan el yoga aéreo con aromaterapia, fitoterapia y musicoterapia para un efecto completo.

Posteriormente, el instructor muestra a los participantes los ejercicios y cada uno define el nivel de dificultad dependiendo de las necesidades. En cada clase los movimientos son muy suaves y lentos, siempre guiados por el profesor. Luego, diez minutos antes de finalizar la clase, cada participante se tiende en el piso e inicia una rutina de relajación y estiramiento para equilibrar la jornada.

Cada rutina tiene una duración aproximada de una hora, y previo a iniciar con el entrenamiento se debe consultar al instructor para determinar cuál es el grado de dificultad de cada participante.

¿Qué se debe utilizar para practicar yoga en suspensión?

Es importante ubicar una colchoneta antideslizante en ambos lados, bajo el columpio, esto permitirá hacer ejercicios en donde el participante pueda tener un buen agarre de manos y pies.

El columpio, que es la herramienta principal, está dividido en dos partes. La primera es el cuerpo del columpio, que tiene unas pestañas que se abren o se cierran según la necesidad del ejercicio realizado, también posee una cuerda, similar a la utilizada por los alpinistas, para sujetar el columpio del techo.

Esta cuerda cuenta con diferentes nudos, que representan el grado de dificultad en el ejercicio. Entre más alto estén los nudos, mayor nivel de complejidad se manejará en la rutina.

La segunda parte del columpio son los brazos o soportes, compuestos por tres estribos (superior, medio e inferior) que trabajan conjuntamente con el cuerpo del columpio. En ellos se apoyan manos y pies dependiendo del ejercicio.

En cuanto a la indumentaria, se recomienda usar prendas en algodón para evitar deslizarse del columpio, pues el tejido de este es muy liso. Las mallas, leggins y camisetas son perfectos para esta actividad.

Dentro de las técnicas encontramos posturas dinámicas, estáticas e intensas, ejercicios de resistencia y secuencias de postura; orientadas para todas las personas que quieran practicar esta disciplina. Incluso, los niños pueden hacer algunos ejercicios cuyo foco se centra en el aspecto lúdico.

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