¡FELICIDAD! UN NUEVO ESTILO DE GERENCIA

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Escribe: Jacopo Belpo

En el mundo de los negocios es frecuente encontrar cómo desde los grandes centros de la formación universitaria y desde la sistematización misma de las experiencias gerenciales, surgen nuevos conceptos y tendencias que buscan optimizar el cumplimiento de los objetivos, ganar en compromiso y desbrozar el camino para éxito empresarial.

Hoy se habla de la “Happy company”. Los profesores Dan Baker, Cathy Greenberg y Collins Hemingway causaron sensación en el año 2006 (hace ya 9 años) con un libro que se convirtió rápidamente en el best seller de ese año: “Empresas felices: la ciencia de la felicidad aplicada a los negocios”. Transcurrido ese tiempo, otros autores como el doctor Guisseppe Amedeo, han abordado el tema en esa perspectiva y se puede afirmar que hoy es una nítida tendencia administrativa a la que se le presta toda la atención.

¿EN QUÉ CONSISTE LA GERENCIA DE LA FELICIDAD?

Es una visión y un método administrativo orientado a que el personal de las empresas, cualquiera sea el nivel jerárquico en el que se encuentren, adquieran la capacidad de aplicar de manera permanente todas sus fortalezas, enriquezcan su capacidad de trabajar en equipo y, sobre todo, “le encuentran un sentido y satisfacción en las acciones que hacen, influyendo positivamente en su vida”.

El foco es la gente de la organización. Entender una cosa que las altas gerencias tienen la dañina tendencia de olvidar: ¡son personas!

Quien trabaja en “un ambiente de confianza, motivación y respeto” da, desde luego, el mejor rendimiento.

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La Gerencia de la Felicidad replantea de manera dramática los viejos conceptos de la denominada “Gestión Humana” en el interior de la organización. Ya no se trata de cabalgar sobre los viejos conceptos de la calidad apalancados en sofisticados datos numéricos que dejan por fuera indicadores de carácter humano. Hoy, los temas de satisfacción, compromiso, facilidades para la gestión, ocupan lugares relevantes.

La evaluación no es unilateral, no compromete sólo la visión de la empresa y sus necesidades. Ya la evaluación de las condiciones que facilitaron o dificultaron el accionar del trabajador entra en escena y define las decisiones de la alta gerencia.

No puede haber eficiencia ni eficacia de gestión si el trabajador opera en  un ambiente hostil, en el que campea la agresividad y en el que el funcionario llega todos los días a trabajar a la defensiva.

LA FELICIDAD COMO CONCEPTO

Se trata ciertamente de un término de difícil definición. La felicidad es altamente subjetiva. Lo que para unas personas puede ser felicidad, no es necesariamente lo mismo para otra. No obstante hay acercamientos al concepto:

“La palabra felicidad hace referencia a la emoción positiva de tener placer y satisfacción por lo que se hace y se tiene”.

El diario El Espectador abordó el tema en días pasados e hizo una interesante entrevista al profesional Andrés Ramírez, quien se ha especializado en el tema.

Sus aportes son relevantes. Cuando el periódico pregunta ¿En qué consiste la felicidad laboral? Él destaca: “Es un término que implica propósitos y sentirse útil. Cuando se está feliz laboralmente se tienen espacios de crecimiento no sólo dentro de la organización, sino como individuo. Se adquieren mayores conocimientos y las ideas son valoradas”.

Y al indagarle qué gana una empresa si invierte en la felicidad de sus empleados, también es claro su aporte: “Incrementar los niveles de innovación, disminuir la accidentalidad y aumentar la productividad de la empresa”

Y hace una importante aclaración, en el sentido de que una persona infeliz no es necesariamente improductiva:

“No necesariamente, pero alguien infeliz pensará que la labor que realiza todos los días es indigna; la labor debe implicar más que cumplir con una responsabilidad asignada. Si las empresas logran que sus empleados tengan una actitud positiva y que sus tareas tengan significado para ellos, alcanzarán cambios importantes”.

La entrevista permite distribuir de una manera adecuada las responsabilidades, en tanto se entiende que esa infelicidad no necesariamente surge desde la relación con el jefe. Expresa que cada quien es dueño de su felicidad, es un sentimiento muy personal. Aconseja que “cada cual debe reflexionar sobre qué puede hacer para que las cosas funcionen bien, aunque debe haber límites. Si definitivamente las cosas no funcionan, lo mejor es tomar nuevos rumbos”.

Desde luego, si la alta gerencia se concentra en crear ambientes de confianza y compromiso de las personas que trabajan con la organización, si esas personas cuando llegan a sus puestos de trabajo todos los días le encuentran “un sentido y una satisfacción a todo lo que hacen”, entonces estaremos presenciando a una “Happy Company”. Esa es la ruta.

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