Suelos que renacen

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TEXTO: ANA MARÍA LÓPEZ DE MESA B.

El aprovechamiento de especies frutales como el asaí, hace parte de las buenas prácticas que se destacan a la hora de combatir la deforestación.

Los mismos bosques que fueron derribados durante los años de guerra en medio de la bonanza cocalera, hoy dan sustento a más de 200 familias campesinas del Guaviare.

Esa selva amazónica, cuyos frutales eran desconocidos e ignorados por muchos de los hombres blancos y colonos, fue despejándose ante los ojos de estas familias, que al observar a los indígenas de la zona, su relación con el bosque y el uso alimenticio que hacían de estos, comenzaron a entender el potencial de las diferentes especies naturales de la región.

Flaviano Mahecha llegó en 1994 a San José del Guaviare. Eran los tiempos del boom cocalero y en la región eran pocos los que no trabajaban de alguna manera en el cultivo, transporte, compra o distribución de coca. Al poco tiempo de estar allí, Flaviano ya tenía un cultivo de dos hectáreas de coca, que perdió en un solo día cuando siete avionetas de fumigación con glifosato sobrevolaron la zona y arrasaron todo a su paso. La pérdida económica fue el último eslabón de una serie de hechos que ya perturbaba a la comunidad.

En medio del caos que se presentaba en la coyuntura social que vivían, Flaviano ya había presenciado la muerte de familias enteras, vecinos, amigos y adolescentes que cayeron víctimas del conflicto. “Eran jóvenes que no estaban llegando a su vejez. Estábamos nosotros los viejos enterrando a los jóvenes, padres enterrando a los hijos”, recuerda.

Fue entonces cuando un grupo de líderes de 39 veredas de la región decidió sentarse a pensar cómo hacer un alto en el camino y contribuir a la paz sin causar más daño. En 1997 crearon la Asociación de Productores Agropecuarios por el Cambio Económico del Guaviare (Asoprocegua), y con más de 400 familias se conformaron legalmente en 2001. Hoy son 234 familias comprometidas con la no deforestación.

Por la protección del bosque

De los más de 5 millones de hectáreas verdes del Guaviare, según un estudio del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, aproximadamente 3,5 tendrían que preservarse por su alta importancia ecológica.

Combatir la deforestación continúa siendo un reto en la región. Si antes esta se daba para el uso de cultivos ilegales, hoy, en medio del posconflicto, siguen presentándose ante procesos como la praderización.

Para Asoprocegua fue duro empezar. Muchos los trataban de locos: “Es mejor que se estén quietos”, les decían. Pero con diferentes apoyos como el de la Gobernación del Guaviare, la Embajada Holandesa, el Instituto Sinchi y la Unión Europea empezaron a investigar en los bosques la palma de asaí, el seje y el moriche, hasta obtener una ficha técnica con todas sus propiedades.

La directora del Instituto Sinchi, Marina Mantilla Cárdenas, explica que ese trabajo directo con la comunidad es una de las estrategias claves bajo las que hoy han logrado sumar un total de 77.964 hectáreas de bosques amazónicos bajo acuerdos de conservación.

“¡Esa transferencia de saberes y conocimientos la recibimos con tanto aprecio!, no la dejamos encima del escritorio, ni debajo, ni allá en el archivador, sino que la pusimos a funcionar”, dice Flaviano, al contar con orgullo cómo en 2019 comercializaron 104 toneladas de pulpa de asaí.

Y es que este fruto, que goza de gran reconocimiento en Brasil y se comercializa en múltiples presentaciones, apenas se está abriendo un mercado en Colombia. El que nace en nuestras tierras se diferencia del brasilero por ser silvestre, al solo ser intervenido por la mano del hombre después de la cosecha para procesar la pulpa —que es el mercado más grande— o aportar valores agregados como los aceites, néctares, snacks o bebidas que, paradójicamente, poco se consumen en la región.

Para la cosecha de asaí, que inicia en abril, ya en Asoprocegua están encargadas 83 toneladas de pulpa, por parte de restaurantes tan destacados como Wok, que la usa en jugos y batidos; Selva Nevada, con su apuesta innovadora de helados artesanales, y empresas del sector de alimentos que, incluso, han empezado a exportar a Estados Unidos.

Se trata de negocios por más de 270 millones de pesos que se quedan allí en el Guaviare, moviendo la economía de la región. Es así como los procesos de investigación, los aportantes económicos y los modelos de asociatividad le están mostrando a los campesinos que proteger el bosque y vivir de él sí es posible.

1.000 TONELADAS DE ASAÍ ESPERA PROCESAR ASOPROCEGUA A 2022.

 

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