¿VIVIR PARA TRABAJAR O TRABAJAR PARA VIVIR? A PROPÓSITO DE LOS TIEMPOS DE NAVIDAD, DE FIN DE AÑO Y LA ACTIVIDAD EJECUTIVA

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Escribe: Alejandro Gutiérrez

Coinciden estas fechas navideñas con tiempos de vacaciones. Los encuentros familiares, los encuentros de amigos, los niños están libres, los paseos.

Muchos ejecutivos “sufren” en estos períodos, pues tanto jolgorio termina convirtiéndose en una amenaza para su trabajo, les
arrebatan tiempo valioso para sus actividades empresariales.

No son pocos los pleitos de pareja que se viven en estas “épocas de amor” porque él o ella llegan tarde al encuentro programado o simplemente cancelan a última hora, pues se les presentó “algo” impostergable en la oficina.

Ciertamente, la obsesión por el trabajo se ha convertido en un problema endémico dentro de amplios sectores del empleo ejecutivo en el mundo moderno. Se trata de un drama originado en la exacerbación del “exitismo”, la necesidad de hacer una carrera rápida, de llegar más pronto a la “cima”, de triunfar ya. Una peligrosa carrera que tiene incluso repercusiones éticas profundas, amparadas en el desprestigiado principio según el cual “el fin justifica los medios”.

“El fin justifica los medios”

Muchos gerentes de hoy viven para trabajar, no trabajan para vivir. De allí que les resulte imposible conciliar su vida ejecutiva con su vida familiar o su vida personal.

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El problema ha llegado a unos niveles tales, que existen ya analistas y teóricos del comportamiento humano que han incorporado esta tendencia a la gran crisis ecológica contemporánea. El profesor Théodore Mond ha sumado este comportamiento a lo que denomina “la conducta insensata y demente que terminará aniquilando a la raza humana”. Una insensatez que se suma a la relación que tenemos con la naturaleza.

La respuesta constante de estos ejecutivos ante los reclamos familiares, es la de que “no tienen tiempo”. El tiempo no les alcanza para vivir, sólo tienen tiempo para trabajar.

Se pasan el día en reuniones inagotables, en el teléfono, frente al computador, visitando clientes, en desayunos “ejecutivos”, almuerzo “ejecutivos” cenas “ejecutivas”, siempre trabajando, siempre ocupados.

En las escasas oportunidades en las que se encuentran con la familia, en los fines de semana, rellenan sus portafolios de documentos y trabajan también en la casa, en la playa, en la finca. Obsesionados por arrebatarle tiempo al tiempo.  Un dicho africano hizo carrera a principios del siglo XX: “todos los blancos tienen reloj, pero no tienen tiempo”…

LA FARSA DEL “NO TENGO TIEMPO”

Como consecuencia de este fenómeno, empezaron a surgir expertos en la “administración del tiempo”, y las librerías se llenaron así mismo de múltiples publicaciones que abordaban el tema.

Un dicho africano hizo carrera a principios del siglo XX: “todos los blancos tienen reloj, pero no tienen tiempo”…

Aunque se han sistematizado en efecto técnicas muy valiosas que contribuyen a la optimización del tiempo, y que van desde maneras de planear las reuniones, como mecanismos que neutralicen los impactos de las interrupciones (¿tienes un minuto para que hablemos de este tema?), cómo administrar los tiempos del teléfono, hasta tiempos para asignar a la lectura de los mails, recursos para manejar el tiempo de lectura de documentos, en fin, lo cierto es que uno de los aspectos más relevantes y concluyentes de todos los estudios apuntan a precisar que el tiempo y su medida opera es en el territorio de las percepciones, el tiempo es subjetivo.

Esto quiere decir que cada persona tiene su propia percepción del tiempo. Es cierto. Relatan ejercicios tales como el de reunir a 20 ejecutivos en un salón, decirles que entreguen sus relojes y cierren los ojos sin pensar en nada. El entrenador deja que transcurran ahí, en silencio, quietos, unos cinco minutos, al cabo de los cuales les dice que abran los ojos y que cada uno de ellos le diga cuánto tiempo cree que transcurrió mientras estuvieron quietos y relajados. Siempre el resultado es diverso. Hay quienes creen que transcurrieron 10, 12, 15 minutos, y quienes creen que apenas pasaron 3 o 4 minutos. Esa percepción se confirma con hechos de la vida diaria. Ciertamente, si usted va retrasado a una cita y un semáforo lo detiene, esos 30 segundos se transforman subjetivamente en minutos. Usted cree que el semáforo nunca va a cambiar, mientras que si va muy relajado y sin prisa, le parece que el semáforo cambió muy rápido.

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El tiempo alcanza para lo que usted quiere que le alcance.

Ciertamente existen también ejecutivos que tienen una plena conciencia del significado de la familia, del descanso, de la lúdica, de la necesidad de alimentar las relaciones afectivas, del placer y, siendo muy exitosos, tienen la capacidad de entregar un tiempo al trabajo y un tiempo para la vida. En épocas de navidad y de fin de año es bueno aprovechar para hacerse esa pregunta y encontrar una respuesta:

¿Trabaja usted para vivir o vive para trabajar?

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