DEPRESIÓN INFANTIL: UNA REALIDAD CONMOVEDORA APRENDE A IDENTIFICARLA

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Escribe: Diana Uribe

No son cuentos ni exageraciones. La depresión infantil existe y debe ser valorada y tratada a tiempo para asegurar que los niños tengan calidad de vida.

La depresión es una realidad alarmante en la infancia y en la adolescencia. Este trastorno mental tiene un origen diverso, en el que se mezclan factores genéticos, biológicos, ambientales y sociales, que pueden operar en intensidades variables.

Cerca del cinco por ciento de los niños, en algún momento, padece de depresión. Aquellos que han experimentado la pérdida de un familiar, viven con mucha tensión, tienen algún tipo de desorden de atención o de la conducta, presentan dificultades de aprendizaje o sufren problemas de salud mental, son más propensos a sufrir de depresión.

ALGUNOS SÍNTOMAS FRECUENTES

Cada niño presenta una forma de ser única, una personalidad original y distintas maneras de aceptar los cambios que se producen en su vida. Para saber si un niño sufre de depresión, es importante conocerlo muy bien y comprender a cabalidad qué es y qué no es normal en su comportamiento. No hay que apresurarse a sacar conclusiones, pero esté atento si su hijo presenta alguna de estos rasgos:

  • Está continuamente triste y llora con más facilidad.
  • Ha perdido el interés por sus juegos preferidos.
  • Está irritable o demasiado sensible frente a pequeñas frustraciones, haciendo rabietas constantes.
  • Se aleja de sus amigos y su familia.
  • Duerme demasiado o muy poco.
  • Expresa baja autoestima, despreciándose a si mismo.

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  • Tiene menos energía y concentración.
  • Elige finales tristes para sus cuentos.
  • Se comporta agresivamente.
  • Se aburre y se cansa con facilidad.
  • Come demasiado o muy poco.
  • Se queja constantemente de dolores de cabeza o de estómago.
  • Habla de muerte y suicidio.
  • Sufre una regresión, hablando como un bebé u orinándose en la cama.
  • Habla de escaparse de la casa.

¿CÓMO SE TRATA?

No ignore los síntomas. Presta más atención a tu hijo. Dedícale un momento especial y único con el fin de crear un ambiente más cercano y de confianza. Así te será más fácil hablar de sus problemas. Hazle preguntas y presta atención a su autoestima. Es importante indagar sobre lo que piensan los niños. Ellos necesitan interés y atención por parte de sus padres para elevar su autoestima.

Establece y mantén rutinas. Los niños necesitan sentirse amparados por una disciplina, pero hazlo con amor. Establecer rutinas con un tono autoritario y brusco, no lleva a nada bueno. Tampoco seas demasiado permisivo.

Evita que el niño tenga estrés. Es recomendable reevaluar el calendario de actividades del niño. El exceso de tareas escolares, sumado a las actividades extraescolares puede no dejar espacio para el descanso de los niños.

Tranquiliza al niño. Estar pendiente sobre el tipo de comida que más le gusta, si duerme bien, si quiere hacer actividades diferentes, puede reconfortar a los pequeños y hacerles la vida más agradable.

Busca ayuda médica. Si el niño comienza a comportarse mal, a aislarse o a hacer comentarios negativos sobre sí mismo, busca ayuda y apoyo psicológico. Un diagnóstico y tratamiento temprano son esenciales para el buen desarrollo y crecimiento de los niños. El primer paso es hablar con su pediatra.

Presta más atención a tu hijo. Dedícale un momento especial y único con el fin de crear un ambiente más cercano y de confianza.

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