LA ANOREXIBULIMIA, ¿UNA CONSPIRACIÓN CONTRA LAS MUJERES?

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Escribe: Diana Uribe Cadavid

Aunque en términos técnicos se ha planteado que se trata de un trastorno de la conducta alimentaria que no solo afecta a las mujeres sino también a los hombres, es evidente que la proporción de ellas que sufren esta enfermedad es notablemente superior y más común de lo que usted se imagina en la población adolescente.

La doctora Marcela Restrepo Fernández, nutricionista dietista de la Universidad de Antioquia, expresa que se trata de una enfermedad asociada a “condicionamientos no solo emocionales sino también sociales y culturales”.

Hay profesionales que separan estas dos enfermedades, la una definida como anorexia nerviosa y la otra como bulimia, y hay quienes definen este trastorno como uno solo y lo denominan anorexibulimia.

La doctora Restrepo explica que este tipo de trastorno “está relacionado con comportamientos o conductas alimentarias extremas, por ejemplo: dietas que cada vez se vuelven más restrictivas, tendencia al perfeccionismo o incluso aislamiento y poca relación con los amigos, porque las personas que padecen esta condición consideran que es más importante salir a hacer ejercicio, para contrarrestar el aporte energético de los alimentos consumidos durante el día.”

Se trata ciertamente de una conducta alimentaria extrema que, como expresa la doctora Restrepo, se caracteriza por un hecho fundamental en las personas que la presentan: “es el temor a engordar, con un control exhaustivo de la ingesta de alimentos y con imagen distorsionada en cuanto a las dimensiones y la forma de su cuerpo (dismorfia); por esto les cuesta mantener un peso corporal normal, además presentan cambios hormonales significativos -en el caso de las mujeres, amenorreas (ausencia de la menstruación)- y una desnutrición severa con riesgos de enfermedad y muerte.”

La dismorfia es una manifestación patética. Se ven gordas aunque su peso esté muy por debajo del normal.

¿POR QUÉ UNA CONSPIRACIÓN?

Las adolescentes en particular y las mujeres en general nos vemos permanentemente “bombardeadas” por mensajes expresos y sugeridos alrededor de lo que significa “el ideal de la figura femenina”. Es una invasión que ingresa a todos los espacios: a través de la radio, de la televisión, de las carátulas y contenidos de las revistas, de las ofertas de la moda, de las tendencias en los alimentos, de la medicina estética, la publicidad, los gimnasios, en fin; siempre, siempre, se plantea el imperativo de una figura delgada como máxima expresión de la belleza femenina, de la aceptación social.

En las conversaciones cotidianas, los hombres fustigan a sus parejas sobre la figura que deberían tener, si están pasadas de kilos, cómo deberían lucir. Se trata de una presión que no da descanso, y que resulta odiosa además, en tanto no se corresponde con el significado de las formas de las mujeres latinas que son exuberantes por su genética.

Es una presión que genera así mismo un ideal absurdo: se quiere que las mujeres tengan la piel y el cabello de las escandinavas, la figura de piernas largas que ofrecen las noruegas, los ojos de las rusas o las francesas, y la sensualidad de las latinas, todo en un mismo cuerpo(¡!).

El tallaje de las prendas femeninas que ofrece la industria de la confección también presiona, como presionan el cine, las revistas del espectáculo y el conjunto de lo que se ha denominado “la industria de la delgadez”.

Hay expertos que plantean que la presión por la figura es el último reducto de dominación que le queda al discurso patriarcal para ejercer su poder sobre las mujeres. A través del discurso de la delgadez extrema, de la aceptación de ese discurso, las mujeres cedemos un espacio de autonomía y libertad, perdemos el poder sobre nuestros cuerpos.

En el mundo de hoy, no existe un espacio en donde la mujer no haya conquistado un papel protagónico. Todos los espacios que antes parecían exclusivos de la masculinidad cuentan hoy con la presencia de mujeres. Desde la conducción de camiones hasta la dirección del estado, desde la física cuántica hasta los deportes extremos. De allí que el enfoque en nuestros cuerpos sea el último reducto en el cual quieren intervenir.

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