LA CURACIÓN VA MÁS ALLÁ DE UN ACTO DE FE

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Querer es poder, y para ello, hay que creer siempre que se puede. Esa parece ser la premisa para quien busca a través de la fe, la salud que le hace falta.

Escribe: Danisol Arrieta Bonilla
Fotografías: Cámara Lúcida

Luego de que una enfermedad comienza a tomarse una vida o la adversidad sorprende el día con absurdos accidentes y todo lo humanamente posible se ha hecho para remediarlas, a los creyentes solo les queda rezar hasta agotar las esperanzas.

 ! Oh Señor Dios mío, Todopoderoso! Que tanto has bendecido a tu amado siervo José Gregorio, y que por tu gran misericordia le has dado el poder de curar enfermos y socorrer a los necesitados, concédele Señor la gracia de curarme como médico espiritual de mi alma y de mi cuerpo, si ha de ser para tu gloria…”

CAM_00073980Y es así, en un acto de contrición de encuentro consigo mismo, como muchos católicos oran por la intervención divina, elevando plegarias a Dios, a sus siervos y santos, en el más profundo silencio de su ser.

Un momento de reflexión donde el enfermo o su familia y amigos se encomiendan, con esta oración en particular, al venerable doctor José Gregorio Hernández, que a pesar de no ser santo tiene muchos devotos que lo estiman y dan fe de sus milagrosas intervenciones.

Él era un médico venezolano que dedicó su vida a curar enfermos y a ayudar a los más  necesitados, siempre quiso servir a Dios de todas las formas posibles, intentando varias veces ingresar a algunas órdenes religiosas, y hasta hacerse cura, pero no fue posible, ya que para los representantes de la iglesia de esa época era más importante su presencia en la vida laica que en los claustros religiosos.

En la actualidad el clero venezolano está realizando campanas para avanzar con su beatificación y posterior canonización, pues para ello se deben cumplir varias condiciones, como ser declarado Servidor de Dios, luego Venerable y después beatificado, claro está, antecedido por toda una cantidad notable de testimonios que reafirmen su bondad, humildad y milagros, con los que la Santa Sede comprobará su divina intervención. Dichos milagros deben ser inmediatos e inexplicables para la ciencia y la razón.

Sin lugar a dudas, sus creyentes más fervientes son sus coterráneos venezolanos, aunque su vida y obra se conocen en toda América Latina. Y es que cuando de enfermedades se trata, en algunas ocasiones poco importan la religión o cultura a la que se pertenece; por naturaleza, el hombre necesita aferrarse a algo, creer en el consuelo celestial o en una fuerza superior que alivie su pena.

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Independientemente de practicar su fe, de si es o no católico, protestante, budista, islamista o judío, incluso cuando se es agnóstico o se declara ateo, de una manera u otra siempre existe una creencia (aunque no sea exactamente en un ser divino, o que este no tenga nombre) que impulsa  la vida y los deseos de lucha.

Las creencias están latentes en la vida del hombre tanto como las esperanzas, y a decir verdad, estas son lo último que se pierde ante la desventura de la muerte, la agonía o el dolor, sobre todo cuando la medicina con sus avances tecnológicos y medicamentos no funcionan  satisfactoriamente.

A ningún enfermo le sobra la ayuda extra y en la actualidad la medicina alternativa o no ortodoxa ha sido una opción para la curación, ha beneficiado la salud de muchos, hay quienes creen que la sanación a través de la energía, el positivismo, la meditación, es tan efectiva y oportuna como la oración, si se es devoto.

Tengamos en cuenta que en la dinámica de la superación siempre hemos escuchado que los límites y los imposibles se hallan en la mente, entonces ¿que nos impide pensar, esperar o creer en los milagros de nuestra fe? Se dice que un milagro no tiene explicación científica ni médica, simplemente ocurre; un día puedes estar enfermo, desahuciado- moribundo y al siguiente no, repentinamente nada malo ocurre, se ha salvado la vida y se han alimentado las esperanzas de muchos más.

 Sin embargo, la curación no es lo mismo que la sanación, la primera se ocupa directamente de la eliminación sintomatológica, mientras la segunda busca el origen del problema, de la enfermedad en sí, ya que esta desestabiliza y es la que trastorna el desarrollo normal de la vida.

CAM_00073991Cabe resaltar que una salud plena en la fe implica un alivio completo, una armonía entre el alma, el espíritu y el cuerpo.

Es por ello que las prácticas médicas no ortodoxas toman cada vez más fuerza, pues son más integrales, menos invasivas y tóxicas, tienden a mejorar la calidad de vida a través de la reflexión, el perdón y el reconocimiento.

En principio, la sanación comienza con el autoconocimiento, donde la conciencia es el alma, la vida es el espíritu, y el cuerpo el vehículo o medio donde se manifiesta el alma en su estado de proveedor y alacena de información, como lo explican Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke en su libro Krankheit als Weg traducido al español “La enfermedad como camino”.

A este concepto se suman las terapias alternativas energéticas, como la acupuntura, el reiki, la sanación pránica o imposición de las manos entre otras, las cuales consisten en regular la energía para mejorar su circulación en el cuerpo, todo ello bajo la premisa de que el cuerpo está  compuesto por energía; ya que según la filosofía médica oriental basada en la Ayurveda, las enfermedades pueden ser causadas por deficiencias, bloqueos o excesos de la misma energía.

En la terapia ayurvédica la respiración es clave, pues es el medio de transporte, por así decirlo, de la energía la cual ingresa al cuerpo a través de los chakras que son los puntos receptores del prana. Este tipo de tratamiento o técnica, parte de que el hombre es una composición de 3 cuerpos, uno astral, otro mental y por último uno espiritual, para mantener el movimiento de la fuerza vital también llamada energía.

Si bien es cierto que con estas teorías médicas alternativas se ha puesto en evidencia el poder de las creencias y los malos hábitos en el desarrollo de enfermedades, también se ha demostrado que no hay una curación completa si no se han sanado el alma y el espíritu. Y en tal caso, la fe se halla en creer que somos capaces de ser ese milagro de paz, armonía y sabiduría que se necesita para vivir plenamente.

“LOS MILAGROS suceden, no en oposición a la naturaleza, pero en oposición a lo que sabemos de la naturaleza”

San Agustín

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